Sanctus Theologial Institute

Rev. Dr. Jim Waters, PhD Chancellor   [email protected]

Video: N. T. Wright – Reino y Cruz: el olvidado mensaje de los evangelios

Publicado el 20 abril, 2015 por blgestbibl

Este video es un excelente material introductorio al estudio de los evangelios del Nuevo Testamento. El teólogo inglés N. T. Wright plantea a través de la pregunta “¿por qué vivió Jesús?” (y no la pregunta cristiana habitual: ¿por qué murió Jesús?) el tema de qué son los evangelios, cómo funcionan, qué están diciendo en realidad. Sumamente recomendado (abajo, la transcripción/traducción; los ‘[…]’ indican fragmentos breves que han sido editados para mayor fluidez de lectura). Disfruten.

N. T. Wright es profesor en la University of St. Andrews, Escocia, uno de los grandes especialistas en Pablo y en el Nuevo Testamento en la actualidad, autor de numerosos libros y ex obispo de la Iglesia de Inglaterra.

Reino y Cruz: el mensaje olvidado de los evangelios

Por N. T. Wright

Conferencia realizada en el Fuller Seminary, Sacramento, EE.UU., el 16 noviembre de 2011.

     Esta tarde estuve hablando sobre la resurrección, y no voy a decir mucho sobre la resurrección esta noche porque quiero concentrarme en el cuerpo de los evangelios en vez del gran evento al final. Pero diré esto, y lo entenderán si estuvieron esta tarde, y quizá incluso si no estuvieron: la resurrección colorea todo lo demás. Esto lo capté con especial fuerza hace como un año y medio mientras estaba en un embotellamiento en Londres, arriba de un taxi. Tenía puesto mi traje púrpura de obispo y mi cuello, así que era obvio que era un funcionario de la Iglesia de Inglaterra. Estábamos ahí en el embotellamiento y el taxista se volvió a mirarme y se encogió de hombros, y después vio que yo era obispo, así que empezamos a hablar de la Iglesia de Inglaterra: “Tienen algunos problemas en la Iglesia de Inglaterra, ¿no?”, y yo respondí que sí. “Sobre tener o no mujeres obispos”, y yo dije: “Sí, estamos pasando momentos difíciles”. Y después dijo: “Lo que siempre digo es esto: si Dios resucitó a Jesucristo de los muertos, todo lo demás es puro rock and roll, ¿cierto?”

     Yo me eché atrás en el asiento, pensando: “¡Qué hombre extraordinario, la clavó en el ángulo!” Y tuvimos una gran conversación, y perdí mi tren y no importó. Pero saqué mi BlackBerry y le mandé un mensaje a mi colega en Durham: “No vas a creer lo que acabo de oír”, y le cité la frase. Y él me contestó: “Ahí está tu próximo sermón de Pascua de Resurrección”. Fue espectacular.

     Todo lo que diré tiene que ver con ese principio general: la resurrección es el centro de todo. Y por supuesto, los evangelistas escribieron a la luz de la resurrección. Si no hubiera habido resurrección, no habría evangelio. Porque hubo miles, probablemente decenas de miles de jóvenes judíos crucificados por los romanos dentro de los cien años antes y después de la época de Jesús de Nazaret, y muchos de ellos creyeron que serían los líderes del movimiento que traería el reino de Dios. Muchos de sus seguidores también lo creían, y a menudo acabaron crucificados también. Y en ningún caso dijeron que el reino de Dios había llegado. Pero sí dijeron eso de Jesús, y eso fue a causa de la resurrección […].

     Quiero hablarles, mientras entramos en el tema de esta tarde, de algunos eventos de mi juventud. Cuando iba a la escuela, más o menos a los 14, habíamos tres o cuatro que queríamos comenzar un grupo de estudio bíblico. Habíamos comenzado a estudiar la Biblia en diversos contextos y nos encontramos en esa escuela, y quisimos reunirnos y estudiar la Biblia. Y una vez, creo que tenía 15 o 16 años, decidimos hacer una pequeña serie de estudios, nos pusimos de acuerdo, invitamos a otros, etc. Era sobre Jesús. Uno era porqué nació Jesús; otro de porqué vivió Jesús; otro de porqué murió Jesús; otro de porqué resucitó. No estoy seguro de si tuvimos uno sobre la Ascensión, deberíamos haberlo tenido. Pero sí había uno sobre porqué va a venir de nuevo. Estábamos muy entusiasmados, organizamos cuál iba a hacer cada uno, etc. Y a mí me tocó el palito corto, porque me tocó el de porqué vivió Jesús. Y recuerdo muy bien, siendo un escolar, pensar: “¡Qué pregunta difícil!” Porque si hablamos de porqué nació Jesús, hay mucho que decir: todas esas cosas navideñas sobre la Encarnación y que el Verbo se hizo carne. Conocía bastante como para saber que había mucho en qué fijarse. Lo mismo con porqué murió Jesús. Todos éramos cristianos bien enseñados que sabíamos perfectamente bien que murió por nuestros pecados, y que había pasajes clave que podíamos mirar. Lo mismo con la Resurrección, con la Segunda Venida, posiblemente también con la Ascensión. ¿Pero por qué vivió Jesús?

     Frustración. No tengo idea de qué dije cuando hice ese estudio bíblico. Quizá tenga algunas notas sobre eso en una caja polvorienta en algún lugar. Pero entonces fue una buena pregunta, y sigue siendo una buena pregunta hasta hoy. […]

     Unos diez años después de eso, cuando estaba en mis estudios de pregrado en Oxford, me invitaron a hablar en la Christian Union de Cambridge. De vez en cuando Oxford y Cambridge sí se hablan, y me invitaron a hacer eso. Y la Christian Union en su sabiduría (o su falta de ella) me invitó a hablar bajo el título el “Evangelio en los evangelios”. Los maestros y predicadores entre ustedes sabrán que ese es un gran desafío. De hecho, hace poco escuché de un conocido pastor en otra parte de EE.UU. que hizo una conferencia llamada “¿Predicaba Jesús el evangelio de Pablo?” Lo qué es un poco raro, ¿por qué plantear así la pregunta? Pero verán el problema: si están acostumbrados a pensar en el evangelio como justificación por la fe sobre la base de la muerte de Jesús por tus pecados, entonces van a buscar mucho en los evangelios (Mateo, Marcos, Lucas y Juan) antes de encontrar algo parecido a eso. Por supuesto, encontrarán al fariseo y el publicano, y a Jesús diciendo que aquel se fue a su casa justificado y el otro no, y se dirán: “Ahí está, Jesús sí habló de justificación por la fe”. Pero una referencia hacia el final de Lucas en realidad no es una gran base para decir que de eso se tratan los evangelios.

     Y eso refleja algo que ha sido un rompecabezas en el cristianismo occidental durante mucho tiempo, sospecho que desde antes de la Reforma, pero ciertamente durante los últimos 400 años: ¿qué son los evangelios? ¿Cómo funcionan? ¿De qué manera son Evangelio? Porque en la Iglesia primitiva sólo había un evangelio que adoptaba cuatro formas: no hablaban de “los evangelios”, en plural, como hacemos nosotros. Hablaban del Evangelio según Mateo, y el mismo Evangelio (en singular) según Marcos, etc. Pero todavía el problema, y todavía mi frustración, incluso aunque ya estaba en mis veintitantos y sí guardaba apuntes de lo que iba haciendo (no tengo idea de dónde están las notas de esa presentación, ni de qué fue lo que dije).

     Y verán, el problema puede plantearse así: hay muchos cristianos para los que sería suficiente para su fe si Jesús de Nazaret hubiera nacido de una virgen y muerto en una cruz, y nunca hubiera hecho nada en medio. Podría haber tenido una vida totalmente oscura y callada, pero mientras fuera el Hijo de Dios que murió por nuestros pecados: fin del juego. Y uno siente como que ahí se podría estar perdiendo algo.

     O por ejemplo, los grandes credos. Me encantan los credos, sé de dónde surgieron, entiendo cómo fueron elaborados, que son un registro de las disputas que tuvo la Iglesia en los tres o cuatro primeros siglos, y de las reconciliaciones y acuerdos que alcanzó la Iglesia. Pero piensen en esos grandes credos: “Creo en Dios, el Padre Omnipotente, Creador del cielo y de la tierra, y en Jesucristo, su Único Hijo, nuestro Señor, que fue concebido del Espíritu Santo, nació de la Virgen María… sufrió bajo Poncio Pilato, y fue crucificado, muerto y enterrado”. Me imagino a Mateo, Marcos, Lucas y Juan diciendo: “Nos pasamos mucho tiempo hablándoles de eso de en medio”. Por supuesto, los credos no fueron diseñados como un manual de enseñanza; tristemente, es así como a menudo los hemos usado. Cuando comencé a estudiar teología en Oxford, nos dieron un libro de Oliver Quick llamado The Doctrines of the Creeds [Las doctrinas de los Credos]. Va por las doctrinas cristianas: Dios el creador, Jesús encarnado, Jesús muerto por tus pecados, etc. Y si sólo se sigue lo que aparece en los credos, no parece importante lo que pasa en medio.

     Y peor aún, si se piensa en Mateo, Marcos, Lucas y Juan, en especial en los tres primeros, lo natural que decir sobre ellos es que tienen algo que ver con el reino. Pero el reino no es mencionado en el Credo hasta mucho más tarde. ¿Recuerdan lo que pasa? “Vendrá otra vez con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su reino no tendrá fin”. ¿Qué hace pensar eso? Que el Reino es algo puramente futuro, que el Reino es algo que va pasar cuando Jesús venga de nuevo y no antes. Y por supuesto, esa es una falsificación extrema no sólo de Mateo, Marcos, Lucas y Juan, también de Pablo, Apocalipsis, de gran parte del Nuevo Testamento. Así que obviamente es un problema para nosotros.

     ¿Pero qué es eso de en medio? He probado hacer esta pregunta en grupos de clérigos, grupos de laicos, y se las hago a ustedes. Suponiendo que alguien de su propia iglesia les preguntara qué es eso de en medio, ¿qué esperarían ellos que ustedes dijeran? ¿Y qué dirían ustedes? Cuando hago eso, obtengo muchas respuestas interesantes. Algunos han dicho: “Creo que mi congregación esperaría que dijera que Jesús vino a hablar del reino de los cielos y de cómo ir allá”. En otras palabras, que Jesús vino a contarnos que hay un lugar llamado cielo donde Dios es rey y donde va la gente buena cuando muere, y que lo más importante que está haciendo Jesús es decirnos cómo llegar allí. No hay casi nada en los evangelios sobre eso. Sé que esa pregunta ha dominado al cristianismo occidental durante los últimos seiscientos años, pero los evangelios no son acerca de eso. Jesús no nos enseñó a orar “venga tu reino, hágase tu voluntad en el cielo como en el cielo”, en el cielo ya se hace. “Venga tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo”. Eso es lo que él vivía, y lo que hacía (volveremos a eso en un momento). Así que el Reino no llega solamente al final, ya está inaugurado aquí.

     Otras personas dirían que lo que Jesús realmente hacía era enseñarnos cómo vivir. Nos entregó toda clase de cosas maravillosas, piensen en el Sermón del Monte, este maravilloso manifiesto sobre cómo debemos comportarnos. De forma que hay grandes maestros de ética y Jesús es simplemente el mayor maestro de ética. Sospecho que la mayoría de los que estamos en esta iglesia esta noche podemos ver que aunque eso es verdad, que Jesús sí fue un gran maestro de ética, si eso sólo se deja así no está ni cerca de ser suficiente. Es una posición reduccionista: “Jesús, el gran maestro de moral, pero dejémoslo sólo en eso”. Hay toda una corriente de cristianismo liberal que ha tratado de dejarlo así, pero sospecho que para la mayoría de nosotros no es suficiente.

     Así, algunos dicen que quizá el material de en medio es que nos dejó un gran ejemplo para que veamos que así debemos vivir la vida y luego podamos seguirlo. ¿Saben qué? Como ejemplo, Jesús me deprime. En mi juventud me esforzaba por tocar el piano, no era muy bueno pero me gustaba esforzarme. Pero si veía a Clifford Curzon, o a Richter, o a alguien así tocar el piano, pensaba que era algo maravilloso, pero como ejemplo era desesperanzador porque yo nunca podría ni comenzar a tocar así. O si veo a un gran golfista golpear la bola, es un maravilloso ejemplo, pero sé que nunca le voy a pegar tan bien, aunque practique muchas horas al día. Así que ver a Jesús haciendo cosas está muy bien, pero en realidad no nos ayuda tanto como podríamos pensar.

     Hay otras cosas que dice la gente, en particular que Jesús vino a mostrarnos que verdaderamente era Dios. Como diré en unos momentos, una vez que entendemos qué significa esa pregunta entonces podemos responder que sí, pero si se dice que sí demasiado pronto se termina bloqueando todos los demás temas; y se hace muy difícil, porque una y otra vez en todas esas historias Jesús no anda diciendo: “¿Se dieron cuenta de que soy la Segunda Persona de la Trinidad?”. No hace eso. Hay indicios, pistas, sugerencias, pero hay que descifrarlas. ¿De qué se tratan entonces?

     Lo que tenemos en gran parte del cristianismo occidental es… ¿recuerdan ese libro de administración que salió hace algunos años llamado The Empty Raincoat [El abrigo vacío]? Hay un abrigo, pero sin cuerpo adentro. Tenemos algo así, tenemos el marco exterior: Jesús nace, Jesús muere, ¿pero qué hay en medio? Y hay algunos cristianos, sobre todo en EE.UU. durante los últimos cien años, que han hecho todo lo contrario, y han dicho: “No nos gusta todo eso de los milagros, no estamos seguros sobre la expiación en la cruz, pero en realidad Jesús hizo una espléndida carrera pública siendo amable con las ancianas, los niños, los perros callejeros, etc.; y nosotros tenemos que mirar eso, seguir eso, copiarlo y hacerlo: eso es la obra del Reino”. Como obispo paso mucho tiempo interpretando entre sí a estos dos tipos de cristianos, tratando de hacerles ver que en realidad se necesitan el uno al otro. Y eso es la esencia de lo que voy a decir esta noche.

     Porque por un lado están esos “cristianos del reino” que piensan que Jesús comenzó un maravilloso programa de reforma social, de mejoras, de hacer del mundo un lugar mejor, de ayudar a la gente en sus vidas, etc. Y a veces se entusiasman tanto con eso que hasta dicen: “Qué lástima que muriera tan joven… si tan sólo hubiera seguido”. Y por el otro están quienes se enfocan en la cruz: que lo único que hay que decir sobre Jesús es que murió para salvarnos por nuestros pecados. Quizá si hubiera que elegir una sola cosa que decir sobre Jesús, ese no sería un mal lugar donde quedarse (la cruz o la resurrección). Pero si eso es lo único que se dice en realidad se falsifica también eso, porque los evangelios de algún modo tienen un todo de Reino y Cruz en una forma a la que, en mi experiencia, la mayoría del cristianismo occidental (católico y protestante, carismático y liberal, lo que sea) ha encontrado muy difícil aferrarse. Así que tenemos, o todo abrigo pero sin cuerpo, o todo cuerpo pero sin abrigo. Y hay toda clase de movimientos alrededor de eso.

     Tengo la impresión de que eso es porque durante muchos siglos, en particular desde la Ilustración, y es un mal que afecta a evangélicos y fundamentalistas tanto como a los liberales del evangelio social, todos le hemos temido a la teocracia. Porque nuestro mundo ha sido estructurado de modo tal que dice: “No queremos eso”. Porque, ¿qué significa “teocracia” para ustedes? ¿Qué se les viene a la cabeza? Monjes locos que imaginan tener una línea directa a Dios, y tienen una línea dura para el resto de nosotros. Y no queremos eso, por lo menos la mayoría de nosotros. Ciertamente, yo no.

     Pero, ¿de qué Dios estamos hablando? Esa es la cuestión. Si el Dios en que están pensando es un gran matón en el cielo que de vez en cuando mira hacia abajo, se enoja contigo y te tira un rayo, pero por suerte Jesús se interpone, o algo así; si ese es el Dios en que están pensando, entonces cuidado con la teocracia. Pero suponiendo que fuera el Dios de Génesis, que dice: “Sea este hermoso mundo”; suponiendo que fuera el Dios de Éxodo, que dice: “He oído el llanto de mi pueblo y he venido a salvarlos”; suponiendo que fuera el Dios de Isaías, que dice: “Los he esculpido en las palmas de mis manos”; suponiendo que ese Dios estuviera a cargo, ¿cómo se vería? Podría verse como un joven profeta judío recorriendo Galilea, diciendo que así es como Dios se va convirtiendo en Rey. Y sanando un leproso por aquí y un endemoniado por allá, alimentando a los hambrientos, y explicando lo que hacía con extrañas historias sobre semillas creciendo en secreto y sobre un padre que tenía dos hijos, etc. Así podría verse. Eso es lo que los evangelios intentan decirles. Pero la cosa no se detiene ahí, porque desde el comienzo de la historia (y volveré a esto) la cruz, la sombra de la cruz, viene a la vuelta de la esquina.

     De cualquier forma, les tengo una propuesta. Que cuando lean los evangelios piensen como si estuvieran en una habitación con cuatro altoparlantes, uno en cada esquina. Si son aficionados a la música con buen sonido, y tienen un buen reproductor, discos, iPods, etc., y quieren que funcione en su nueva sala de estar, ponen un alto parlante en cada esquina, luego se sientan en medio, y después tienen que ajustar el volumen de los distintos altoparlantes. Pueden encontrar que uno no está funcionando y la música suena un poco desbalanceada. Quiero proponerles que, al leer los evangelios, hay cuatro altoparlantes que hay que ajustar en su volumen correcto, y que si no lo hacen no van a entender de qué se tratan. Y como parte de mi argumento es que en la mayoría del cristianismo occidental dos de esos altoparlantes han estado casi por completo apagados, y los otros dos han tendido a estar demasiado alto, verán que pienso que hemos estado escuchando la música de manera desbalanceada. ¿Qué son estos cuatro altoparlantes?

     El primero, que normalmente, creo yo, está completamente apagado, es que los cuatro evangelios cuentan la historia de Jesús como el punto culminante de la historia de Israel. Mucha gente estará feliz de decir que Jesús cumple las profecías del Antiguo Testamento. Pero no estoy hablando sólo de cumplimientos misceláneos: que en algún momento Isaías, los Salmos o Daniel dijeron dos o tres cosas interesantes y que Jesús las cumple. No. Estoy hablando de una extraña, oscura, misteriosa, pero continua narrativa. Se la ve al principio del Evangelio de Mateo, la genealogía de Mateo: Abraham, catorce generaciones; David, catorce generaciones; el Exilio (interesante), catorce generaciones. Y ahora José, el esposo de María, de quien nació Jesús, el Mesías. Catorce generaciones… un momento, son seis sietes, estamos hablando de una genealogía judía. Si estamos por entrar en el séptimo siete, ¿de qué estamos hablando? Sí, del Jubileo, el momento en que los esclavos son liberados, que los pecados son perdonados, que las deudas son omitidas, que Dios vuelve a hacer lo que siempre dijo que iba a hacer: “será llamado Emanuel”, “porque él salvará a su pueblo de sus pecados”. Y no es sólo salvación individual, aunque eso también es cierto. Israel había estado en situación de esclavitud desde el Exilio, eso estaba profundamente entretejido en el judaísmo del Segundo Templo. Israel había ido al exilio por sus pecados y, como dice Isaías 40, “cuando los pecados finalmente sean perdonados y resueltos, entonces terminará el Exilio, Yahvé regresará a Sion, por fin seremos libres”. Y Mateo está diciendo: “siete sietes”, “Jesús” y “él salvará a su pueblo de sus pecados”.

     Pero no es sólo Mateo, y no son sólo los capítulos iniciales: una y otra vez la historia de Israel apunta hacia adelante. Josefo, el gran historiador judío, que escribió un par de generaciones después de la época de Jesús, dice que la razón de porqué el pueblo judío de mediados de siglo se rebelaba contra Roma era principalmente porque había un oráculo en sus Escrituras que decía que en ese tiempo se levantaría de Judea un gobernante mundial. Está en La guerra de los judíos, libro 6, por si les interesa.

     ¿Cuál es el oráculo que dice que eso sucedería en esa época? Sólo puede estarse refiriendo a Daniel 9, porque esa es la única profecía que menciona un tiempo específico. Y los especialistas que lo han estudiado les dirán que la forma en que funciona Daniel 9 es esta: el escenario ficcional del libro de Daniel es en el Exilio en Babilonia. En el capítulo 9, Daniel hace una hermosa oración diciendo: “Señor, Jeremías dijo que el Exilio iba a durar setenta años. Creemos que ya pasaron setenta años, ¿es tiempo de volver a casa? ¿Ha acabado el Exilio? ¿Van a ser perdonados nuestros pecados por fin?” Y viene un ángel que le dice a Daniel: “Esa fue una gran plegaria, tu oración ha sido escuchada. Tengo buenas y malas noticias. Sí, la profecía se va a cumplir; la mala noticia es que no van a ser setenta años, sino setenta semanas de años”. Setenta veces siete. Es como un mega-jubileo. Y durante el par de siglos antes y después de Jesús hubo judíos calculando cuándo se iban a cumplir esos cuatrocientos noventa años. Esto es algo que, para mi sorpresa, no muchos cristianos han oído o siquiera pensado, pero pueden revisarlo: está todo en la literatura intertestamentaria.

     Así que estaban calculando que algo iba a ocurrir. ¿Qué era lo que iba a ocurrir? Lo de Daniel 2, en que la piedra de la montaña golpea la estatua y esta se convierte también en una gran montaña; lo de Daniel 9, en que los pecados finalmente son perdonados; las extrañas profecías sobre la abominación de la desolación; y sobre todo, lo de Daniel 7: los cuatro monstruos del mar que oprimen al pueblo de Dios, y luego uno como hijo de hombre es exaltado en las nubes para sentarse junto al Anciano de días, y llega el tiempo en que el pueblo de Dios recibe el reino. Y hay una relación directa entre esa frase en Daniel 7:22 (“llegó el tiempo, y los santos recibieron el reino”) y Marcos 1:15, en que Jesús dice: “El tiempo se ha cumplido y el reino de Dios se ha acercado”. Los cuatro evangelios están diciendo que así es como la historia de Israel alcanza su punto culminante. Este es el momento para y de la redención.

     Para la mayoría de los cristianos, el altoparlante en esa esquina de la habitación ha estado completamente apagado. Pero cuando se aprende a leer a Mateo, Marcos, Lucas y Juan como el punto culminante de la historia de Israel, toda clase de cosas comienzan a estar en su lugar. Porque la historia de Israel no es una historia miscelánea, como si Jesús hubiera nacido judío por casualidad pero que pudo haber sido noruego o nigeriano y que todo fue por accidente. La idea es (teología bíblica): Dios llamó a Abraham para deshacer el pecado de Adán. Y la familia de Abraham se esforzó y no pudo hacerlo, y la cosa se complicó y se puso peor, y todo parecía ir terriblemente mal. Pero Dios no se había olvidado de que esa era su promesa, y Dios mantuvo esa promesa cuando se cumplió el tiempo. Ese es el primer altoparlante.

     El segundo altoparlante es uno que a menudo ha estado demasiado alto. Esta mañana estuve en un programa de radio debatiendo con [John] Dominic Crossan y otro erudito, y una de las personas que llamó por teléfono básicamente planteó el argumento de C. S. Lewis: o Jesús estaba loco, era malvado o debe haber sido divino. Conozco ese argumento, y no es un mal argumento, es sólo que cuando decimos “divino” y luego nos fijamos en los evangelios diciendo “¿Jesús era o no divino?”, a menudo entendemos eso mal. Como dije antes, ¿de qué Dios estamos hablando? A menudo tenemos la imagen del dios del deísmo del siglo XVIII, nos preguntamos cómo se vería ese dios si fuera humano, e imaginamos a Jesús como Superman. El mito de Superman, que es muy poderoso en nuestra cultura, no lo es por accidente. Es el mito de la persona con poderes sobrenaturales que desciende, se pone un disfraz y realiza el acto de violencia redentora que soluciona el problema. Esa es básicamente una herejía cristológica que tiene muchos ejemplos en su cultura y la mía.

     Pero los evangelios cuentan una historia diferente. Porque este asunto de una larga historia al final de la cual pasa algo siempre tuvo como uno de esos elementos que al final de esa historia Dios mismo iba a volver. ¿Volver? ¿Acaso se había ido? Sí, eso dice en la Biblia. En Ezequiel dice que cuando el Templo fue destruido por los babilonios, en realidad justo antes de que fuera destruido, Dios en su trono, con las ruedas, se elevó, se fue y desapareció. Y el libro de Ezequiel dice que va a volver, pero en ningún momento dice que haya vuelto. Y el profeta Malaquías en el periodo post exilio: habían reconstruido el Templo y ofrecían los sacrificios, pero los sacerdotes se aburrían porque eso no tenía sentido si Dios no estaba allí con ellos, escuchando sus plegarias. Y Malaquías les advierte: “El Señor al que buscan vendrá repentinamente a su Templo”. Esto es el periodo post exilio, una profecía de Dios regresando por fin, pero que no ha ocurrido aún. Y Zacarías dice lo mismo.

     Los evangelios están escritos conectados a esas expectativas sobre el Dios de Israel regresando por fin. Pero este el punto: ¿cómo iba a ser cuando Dios volviera? Tenemos en Ezequiel esa visión de las ruedas, ¿sería así? Según el final de Ezequiel, sí; pero eso es profecía, símbolos, imágenes. Según Isaías, él vio a Dios rodeado de los serafines en el Templo, y describe a los serafines pero no al Señor, excepto que sus faldas llenaban el Templo. ¿Sería así, con el Señor rodeado de serafines? ¿O como en los días del éxodo, cuando Dios andaba con su pueblo en un pilar de nube de día y un pilar de fuego de noche? Me acuerdo del arzobispo neozelandés que me contó la historia del chico al que le preguntaron en la Escuela Dominical qué sabía de la esposa de Lot, y que dijo que era un pilar de sal de día y una bola de fuego de noche. Eso es para que recuerden esa parte de la historia.

     ¿Cómo iba a ser cuándo volviera el Dios de Israel? Algunas de las grandes profecías de ese regreso son Isaías 40 y Malaquías 3. ¿Cuáles son los dos pasajes que cita Marcos al comienzo de su evangelio? Isaías 40 y Malaquías 3: “la gloria de Dios se revelará”, “la voz que clama en el desierto: ¡prepárense, extiendan la alfombra roja, aplanen las colinas, suban los valles, Él está regresando!” Y la gloria… Canté el Mesías de Händel desde muy pequeño, y debo haber cantado cien veces el coro “la gloria del Señor será revelada y toda carne la verá” antes de comenzar a preguntarme de qué hablaba. Y la respuesta es que habla de Dios regresando con gloria por fin, como señal de que el Exilio ha terminado.

     Isaías 52: este es el euangelion, el evangelio: “Tus centinelas alzarán la voz, gritarán de alegría, porque con sus propios ojos ven a Yahvé regresando a Sion”. Y Marcos pone una profecía así cuando está a punto de mostrarnos a Jesús viniendo a ser bautizado por su primo. Y añade también Malaquías 3. La historia de los cuatro evangelios es la historia del Dios de Israel regresando.

     Piensen en Juan, el prólogo joánico, el punto culminante del prólogo: “El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros”; pero la palabra “habitó” no lo capta. En griego es eskénosen, significa: “Plantó su tienda entre nosotros”, y la tienda retrocede al tabernáculo en el desierto: “el Verbo”, que era Dios, “vino y habitó”, plantó su tabernáculo, “en medio de nosotros y contemplamos su gloria, gloria como la del unigénito del Padre, lleno de gracia y verdad”. Y todo el Evangelio de Juan es una parte tras otra de teología del Templo: habla del templo de su cuerpo, etc., y del corazón del que cree brotarán ríos de agua viva: son imágenes del Templo que alcanzan su punto culminante en los discursos de despedida, cuando esperas que Jesús entre en el Templo y haga algo, y en cambio sube al aposento alto y lleva a sus discípulos. Este es lenguaje del Templo, es la gloria del Señor que es revelada, en último término en la cruz misma.

   Así que al segundo altoparlante hay que bajarle el volumen desde su estridente “sí, sabemos que Jesús es divino” a “¿de qué Dios estamos hablando? ¿Qué significa en realidad? ¿Cómo es pensar en este Dios regresando de esta forma?”

     A menudo, quizá desde la Definición de Calcedonia del 451, hemos pensado en la encarnación como una especie de error categorial. Y después decimos: “Sabemos que es imposible, Dios no puede convertirse en humano, pero en realidad sí lo hizo y ese es el gran milagro”, etc. Cuidado con la palabra milagro. Dentro de una cultura deísta, como la suya y la mía, “milagro” habla de un dios distante que ocasionalmente se acerca y hace cosas. Ese no es el Dios de la Biblia. El Dios de la Biblia siempre está cerca, alimenta a los cuervos jóvenes cuando lo llaman, se conduele con el dolor del mundo, respira y celebra la vida del mundo, y a veces hace cosas que no esperamos. Pero si decimos “milagro”, implica que normalmente está ausente, y no lo está. Ese es un tema aparte, pero mi punto es que tenemos que subir ese primer altoparlante para oír que este es el punto culminante de la historia de Israel, y que tenemos que bajar el segundo altoparlante, no para negarlo sino para aclararlo, para que podamos oír lo que de verdad se está diciendo.

     El tercer altoparlante es que los evangelios cuentan la historia de Jesús como el inicio, el lanzamiento del movimiento conocido como cristianismo o Iglesia. Por supuesto, no usa esas palabras desde el comienzo (o nunca), pero otra vez lo tenemos demasiado alto. Hemos leído los evangelios simplemente como que es Jesús diciéndonos cómo comportarnos, Jesús diciéndonos lo que necesitamos saber, Jesús diciéndonos cómo ir al cielo. De hecho es algo mucho más sutil que eso. Jesús crea a su alrededor una comunidad de personas que viven a través del perdón porque el perdón es el nombre del juego. De eso se trata el Jubileo: “Me ha enviado a pregonar libertad a los cautivos, vista a los ciegos”. El perdón, los nuevos inicios, comenzar desde cero: esa es la realización de Israel. Y esa comunidad tiene que vivir por el perdón porque la puerta que se abre para recibir el perdón de Dios en tu corazón es también la puerta que se abre para dejar salir el perdón hacia otras personas. Esa es la cosa más radical que Jesús pudo haber dicho. Todos sabemos vagamente que el perdón es algo bueno; todos lo encontramos increíblemente difícil de hacer. Como dijo, creo que C. S. Lewis, todos estamos a favor del perdón hasta que tenemos algo que perdonar, y entonces no queremos.

     Así que cuando Jesús llama a los doce es la reconstitución del pueblo de Dios. Desde el siglo VIII a.C. no había habido doce tribus, la mayoría había sido llevada lejos y nadie sabía dónde habían ido. Ahora, Jesús dice: “Ustedes doce”; es el comienzo de algo, es la reconstitución. No es algo nuevo porque está en continuidad con lo que había antes, pero es una reconstitución del pueblo de Dios.

     Y por tanto, cuando Jesús da a sus discípulos el Sermón del Monte, es simultáneamente un desafío al pueblo de Israel para ser realmente Israel ahora que Él está aquí: “Ustedes son la luz del mundo”, esa es la antigua vocación judía. “Pero si ponen la luz bajo un balde, ¿cómo quieren que alguien la vea?” “Ustedes son la sal de la tierra, pero si la sal pierde su sabor”, etc. Ustedes conocen todo eso.

     Y cuando dice: “Benditos los puros de corazón, los pobres de espíritu, los humildes, los misericordiosos, los pacificadores”, etc. Piensen en lo que significa eso. Bendecir no es algo que tenga que ver principalmente contigo y para ti. A menudo pensamos: “Si tan sólo pudiera ser puro de corazón, entonces de verdad sería bendecido”. Quizá sí. Pero el punto sobre bendecir es que no es lo que Dios te hace a ti, sino lo que Dios hace a través de ti. Es un programa para la gente del Reino: los misericordiosos, los pacificadores, los que tienen una pasión por la justicia que se rehúsa a apagarse, como una sed. Esas son las personas a través de las cuales Dios se está volviendo Rey, a través de quienes Jesús quiere extender su Reino. Es el programa para la Iglesia. No es un “aquí están las reglas que hay que obedecer, las doctrinas que hay que creer”. Es un “aquí está el programa de cómo va a ser transformado el mundo”. Porque cuando Dios quiere cambiar el mundo no envía los tanques, envía a los humildes, a los misericordiosos, a los pacificadores y a los puros de corazón. Y para cuando los matones y los poderosos se dan cuenta de lo que está pasando, los humildes, los misericordiosos, los pacificadores y los hambrientos de justicia han comenzado a transformar el mundo. Y no van a ser detenidos, gracias a Dios. Tenemos que leer los evangelios no sólo como la historia de las reglas de cómo comportarnos. Bajen un poco el volumen y escuchen más claramente. Es el programa para el pueblo a través del cual Dios se está convirtiendo en Rey.

     Y si es así, entonces el cuarto altoparlante, que usualmente está olvidado en una esquina de la habitación, entra en juego, nos guste o no. Porque si Dios se está convirtiendo en Rey, en y a través de Jesús, significa que los reinos de este mundo son llamados a rendir cuentas.

     La historia de Israel siempre tuvo que ver con cómo el reino de Dios confronta a los reinos del mundo con la reclamación de Dios, del Creador, sobre ese mundo. Y si esa historia está llegando a su punto culminante, no debe sorprendernos que, por ejemplo, en Lucas 2, Lucas comience su historia de la Navidad con la fanfarria de trompetas de Augusto César en Roma: “Un decreto de César Augusto de que todo el mundo fuera empadronado”. Y una pareja monta en su burro (la historia no menciona al burro, pero es un lindo detalle) y van de un extremo del país al otro, y nace un bebé en la ciudad real de Belén ante cuya mención de su nombre el sucesor de Augusto temblará en su trono. Y vemos eso a través de toda la obra de Lucas, porque en Hechos, cuando Jesús es exaltado y es ahora rey (porque la Ascensión no es que Jesús se va lejos: el cielo es la oficina del gerente, el lugar desde el que se controla todo), y así es cuando sucede: Jesús envía a sus seguidores a hacer el Reino, a vivir el Reino, a predicar el Reino; y Pablo termina en Roma, bajo las narices de César, predicando que Dios es Rey y Jesús es Señor, abiertamente y sin obstáculos. Lucas tenía la idea de que hacia allá es donde se dirigía todo. El resto, se podría decir, es historia.

     Y por supuesto, esto surge una y otra vez, una vez que aprendemos qué es lo que está pasando, en dónde estamos. Verán: hemos despolitizado los evangelios porque los hemos desjudaizado. Pensamos en los evangelios como el manual de enseñanza, o una parte del manual de enseñanza para una iglesia como la nuestra, que se ha olvidado de su herencia judía y de su responsabilidad social, política y cultural. Una vez que armamos el paquete completo, me temo que no hay escape. Esta es la perspectiva general, y somos parte de ella.

     El libro de Daniel, que nadie puede dudar es fundacional para buena parte de la teología de los evangelios sinópticos (y también hay indicios en Juan), trata del gran choque entre los reinos paganos del mundo y el reino de Dios, que trabaja según reglas diferentes, que marcha a un ritmo diferente, pero que finalmente derrocará a los reinos paganos y les enseñará que hay una forma diferente de ejercer el poder. ¿Recuerdan cómo es en Marcos 10, ese espectacular pasaje? Cuando Santiago y Juan van a Jesús (en una de las versiones envían a sus madres, ese también es un detalle interesante) le dicen: “Queremos sentarnos a tu derecha y a tu izquierda en tu Reino”. Querían ser el ministro de relaciones exteriores y el canciller, o algo así. Querían los cargos más importantes: Jesús sería el jefe, ellos iban a ser su mano derecha e izquierda. Simón, Andrés y los demás decían: “Vamos a ser nosotros”; los hijos de Zebedeo, que iban a ser ellos.

     Jesús dice: “No tienen idea de lo que están pidiendo”. Porque Jesús sabía, y Marcos lo explicita, que no hay Reino sin Cruz. Y cuatro capítulos después en el Evangelio de Marcos, encontramos que cuando Jesús es crucificado hay uno a su derecha y uno a su izquierda, pero eso no es lo que Juan y Santiago querían. Jesús les advierte: “¿Pueden ser bautizados con el bautismo con que yo soy bautizado?”

     Y después Jesús los reúne, llama a los doce y les dice: “Los gobernantes de esta era se enseñorean sobre sus súbditos, sus grandes ejercen dominio sobre ellos. Hacen las cosas mandando, intimidando y golpeando a la gente hasta someterla. Nosotros lo vamos a hacer de la otra manera. No va a ser así entre nosotros: el que quiera ser grande, será su servidor, el que quiera ser el primero, deberá ser esclavo de todos. Porque el Hijo del Hombre no vino a ser servido sino a servir, y para dar su vida (¡dar su vida!) en rescate por muchos”. La teología de la expiación y la teología política, la redefinición del poder, van absolutamente de la mano en Marcos, no se puede tener una sin la otra.

     Y en Juan 16, en el centro de los discursos de despedida. A menudo pensamos en los discursos de despedida (Juan 13-17) como un maravilloso momento de intimidad, de Jesús todavía en tranquilidad y privacidad con sus discípulos. Y en medio de eso tenemos: “¡Anímense! Yo he vencido al mundo”. Y en el capítulo 16: “Cuando el Espíritu venga convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio. De pecado, porque no creen en mí; de justicia, porque voy al Padre, y ustedes no me verán más; y de juicio, porque el príncipe de este mundo ya ha sido juzgado”.

     Durante años, oía esa predicción de Jesús sobre la obra del Espíritu y pensaba: “¡Qué bueno! No veo la hora de que el Espíritu haga rendir cuentas a los gobernantes de este mundo”. Y me di cuenta, no hace mucho, de que la idea de la obra del Espíritu es que lo que hace, lo hace en y a través del pueblo de Jesús, de la Iglesia. “Cuando el Espíritu venga, Él, a través de ustedes, convencerá al mundo de pecado, justicia y juicio”. ¿Estamos dispuestos a eso? ¿Saben cómo es? ¿Alguna idea? Lean, en Juan 18 y 19, cuando Jesús está frente a Pilato, el reino de Dios confrontando al reino del mundo. Debaten sobre el reino y la verdad y el poder. Y Pilato envía a Jesús a su muerte, y Jesús gana. Es una escena espectacular. Es la base de toda la teología política cristiana, por lo que a mí respecta: Juan 18 y 19. Porque cuando se cuenta la historia de Jesús como el cumplimiento de la historia de Israel, como el cumplimiento de la historia de Dios, como el lanzamiento del pueblo de Dios, también, inevitablemente, se está contando la historia de Jesús como la historia de cómo el reino de Dios derrota a los reinos del mundo.

     Y aquí es donde nos atascamos. Lo que he estado diciendo hasta ahora es básicamente teología del nuevo éxodo. Piensen en el éxodo: el tirano malvado, Faraón; Dios bajando a rescatar a su pueblo; el gran momento de sacrificio, la Pascua; el juicio de Dios a los egipcios, en las plagas y también en el mar Rojo; la celebración del reino de Dios (“el Señor reinará eternamente”, al final de ese gran canto de triunfo en Éxodo, capítulo 15); el nuevo proyecto para el pueblo de Dios, entregado en el monte Sinaí; la nueva vocación y destino, la Tierra Prometida; y lo mejor de todo, lo más querido: el Dios de Israel en persona, a pesar del pecado del pueblo al hacer el becerro de oro. El Dios de Israel, en respuesta a la plegaria de Moisés, viene a vivir en el tabernáculo: “Habitó entre nosotros, y vimos su gloria”. Esa es la historia del éxodo. Y los evangelios, de una forma u otra, están contando la historia del éxodo, y eso sólo se capta cuando se tienen los cuatro altoparlantes en su volumen apropiado.

     En esto nos quedamos atascados, lo aplanamos, no lo queremos: no nos gusta la teocracia, no queremos las cosas políticas. He sabido que en algunas culturas intentan mantener oficialmente separados Iglesia y Estado: bueno… ¡buena suerte! Hay un momento en Amadeus, la obra de Peter Schaffer (seguro que lo voy a contar mal, pero así lo recuerdo) en que tenemos a Mozart, este presuntuoso joven (que en la obra es un hombre arrogante y bastante desagradable, pero que compone la música más sublime jamás escuchada), y a Salieri, el famoso compositor de la corte al que todos reconocen (él mismo cree ser maravilloso). Salieri va a un ensayo de una de las óperas de Mozart, Las bodas de Fígaro. Salieri había compuesto muchas óperas sobre los dioses y héroes del Mundo Antiguo, óperas enormes, grandiosas y muy aburridas. Y ve Fígaro, y dice: “Él ha tomado personas comunes y corrientes (un barbero, una sirvienta) y las ha convertido en dioses y héroes”; y después dice: “Yo he tomado a dioses y héroes y los he convertido en comunes y corrientes”. Una tremenda autocrítica. Nosotros le hemos hecho eso a los evangelios: hemos tomado esas asombrosas narrativas (esos cuatro altoparlantes y mucho, mucho más) y los hemos convertido en comunes y corrientes, los hemos transformado en historietas sobre Jesús andando por aquí y por allá haciendo cosas y contando historias amables, que son buenas para los niños pequeños y para otras personas que necesitan historias así. Debido a que hemos separado todas esas cosas, necesitamos recapturar esta visión judía del reino de Dios.

     Quiero hablar un poco de qué pasa cuando tomamos esas cuatro dimensiones de la historia y pensamos en Reino y Cruz. Piensen en la vocación de Israel. Está el reino del mundo: Caín funda una ciudad, y después del diluvio todavía están en eso, toda hecha de la arrogancia humana y llamada la Torre de Babel (imagínense redactando el Pentateuco en el exilio en Babilonia: sabían qué era Babel). Dios baja, la destruye y confunde sus lenguas. Y luego Dios comienza su propia comunidad, con un nómada que ni siquiera tiene un hijo, y le dice: “En ti serán bendecidas todas las familias de la tierra”. Pero Abraham no era ningún santo: se equivoca tanto como acierta. Y, finalmente, Abraham también tiene que ofrecer (o estar dispuesto a ofrecer) a su hijo Isaac en sacrificio, en esa extraña historia en Génesis 22. Dios va a ser Rey del mundo, pero va a haber un precio: la muerte del hijo amado. O en el libro del Éxodo: Israel está en esclavitud, y el cordero Pascua es el extraño medio a través del cual el ángel del Señor pasa e Israel sale. Y esa es la forma en que Dios vence a Faraón para establecer el señorío de Dios sobre todo el mundo.

     O piensen en los salmos, donde tenemos al Salmo 2 al principio del Salterio; los Salmos 1 y 2 forman una fantástica pareja de piedad personal y de toda la dimensión política. Los gobernantes de esta era están furiosos con Dios: “Por qué se enojan los gobernantes y las naciones hacen tumulto”; “se levantan los gobernantes de la tierra y los príncipes consultan contra Yahvé y contra su ungido”. El que habita en los cielos se ríe: “El Señor se burla de ellos”; esto retrocede a lo de la Torre de Babel. Y después dice: “Yo he puesto mi rey sobre Sion mi santo monte”. Cuidado, gobernantes del mundo, tendrán que hacerle homenaje o si no “los quebrantará con vara de hierro y los desmenuzará como vasija de alfarero”. Esa es la reclamación global del Dios de Israel: “Este es el reino de Dios”. Pero veinte salmos después encontramos: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? ¿Por qué estuviste tan lejos cuando más te necesité? Me han pasado todas estas cosas horribles”. Y es sólo al vivir todo eso que llegamos al final del salmo, a hablar del decreto del Señor de que este es el tiempo de la liberación y del establecimiento del reino de Dios.

     Los salmos hacen eso una y otra vez. Uno de mis favoritos es el salmo 89, donde los dos primeros tercios del salmo son una maravillosa celebración de que Dios es rey de toda la tierra y de que David es el soberano sobre toda la tierra, etc. Y luego hay un quiebre: “Han echado a su ungido, no salen con sus ejércitos”. ¿Qué pasó? ¿Cómo salió tan mal todo? Y ese salmo no queda resuelto, sólo pone eso: las promesas y la realidad, el Reino y la Cruz. Esto está profundamente entretejido en la estructura misma de la teología bíblica.

     Ya hablé de Daniel, donde tenemos exactamente ese patrón: la pequeña figura humana que es destrozada por esos horribles monstruos, y luego Dios viene en su trono y uno como hijo de hombre es exaltado y entronizado a su lado después de ese periodo de sufrimiento. Y el sufrimiento continúa a lo largo del libro de Daniel.

     Zacarías es lo mismo. Sí, Dios va a ser Rey de todo el mundo pero el pastor será herido y las ovejas dispersadas. ¿Cómo funciona eso? El profeta no lo dice. Sólo dice que así va a ser.

     O el que para mí es el núcleo del canon del Antiguo Testamento: Isaías y la sección central (40-55). A menudo digo que si Isaías se hubiera perdido y nunca lo hubiéramos tenido, y alguien lo desenterrara en las arenas de Egipto o Libia, y lo publicara, debería estar en la primera plana de todos los periódicos del mundo no sólo por el contenido, sino por el puro poder de su majestuosa poesía. Isaías 40-55: este grandioso Dios ante el que las naciones tiemblan, y que sin embargo está tan profundamente involucrado que alimenta a su rebaño como un pastor, lleva al cordero en brazos y pastorea suavemente a las recién paridas. ¿Cómo establecerá este Dios su reino (que es lo que prometió hacer) y liberará a su pueblo? Respuesta, capítulo 42: “He aquí mi siervo”. Y así, el poema prosigue con los poemas dentro del poema que son los Cantos del Siervo, hasta que tenemos la parte del reino de manera más explícita en el capítulo 52, donde el profeta tiene una visión de Yahvé volviendo a Sion y el pueblo de Dios siendo liberado, y todo sucede por fin. Y dice: “Esta es la nueva: nuestro Dios reina. Él es Rey. Esto significa el reino de Dios”.

     E inmediatamente después, “¿quién hubiera creído lo que hemos oído?” y “¿a quién se le ha revelado el brazo del Señor?” En otras palabras, ¿quién hubiera pensado que él era el brazo de Señor? ¿Quién hubiera pensado que este herido por nuestros pecados y traspasado por nuestras transgresiones, que él fuera el Dios vivo arremangándose y viniendo a encargarse del desastre por fin? Y después de ese pasaje llegamos, en el capítulo 54, a la renovación del pacto; y en el capítulo 55, a la renovación de toda la Creación. Una de las más grandes obras de literatura y de teología jamás escrita. Así es como funciona la historia: la vocación de Israel, Reino y Cruz, yendo de la mano. Por cierto, creo que algunas de las cosas que he dicho es seguramente algo de lo que Jesús dijo a los discípulos camino a Emaús. Él no sólo sacó textos sueltos, sino que contó toda la narrativa.

     Y del mismo modo, Reino y Cruz juntos en la historia de Dios volviendo para gobernar y salvar. Isaías 63: el Señor miró y se asombró de que no hubiera nadie que pudiera salvar, así que trajo su propio brazo en victoria. Vino Él mismo y lo hizo. Y Ezequiel 34: los pastores que no hacen su trabajo; y Yahvé dice: “Yo mismo iré y seré el pastor de las ovejas”. Y todo tipo de pasajes en que encontramos, extrañamente, historias del que va a conseguir esto pasando por terribles sufrimientos, y de algún modo siendo aquel en el que Dios está haciendo lo que iba a hacer. Y es algo que continúa porque la tercera dimensión, el tercer altoparlante, cuando la Iglesia es inaugurada, es el pueblo del que Pablo dice: “Compartimos la heredad del Mesías siempre y cuando compartamos su sufrimiento, para que así seamos glorificados en él”.

     En Occidente no lo hemos hecho muy bien con esto. No le deseo el sufrimiento a nadie, pero creo que lo hemos descartado. Desde la Ilustración tendemos a pensar que el sufrimiento es algo que debiera que ocurrir en otros lugares, si es que, y que de algún modo nosotros, con nuestra ciencia, filosofía y democracia modernas, nos las arreglamos para manejarlo. Por supuesto, todos sabemos en lo profundo de nuestros corazones que eso no es de ningún modo así, sino que todo parece mal. Y sin embargo, en el Nuevo Testamento, piensen en 1 Pedro, Apocalipsis, Colosenses, 2 Corintios, piensen en tantos pasajes en que está justo ahí: la caracterización de la Iglesia es ser el pueblo del Reino, y por lo tanto el portador de la Cruz. Y viceversa. Es el pueblo que lleva la Cruz y, aunque no se dé cuenta en el momento, de algún modo así es como Dios está trayendo su Reino. El evento único, decisivo, culminante de la cruz de Jesús es, sin embargo, realizado en las vidas de sus seguidores. Eso caracteriza a la Iglesia: Reino y Cruz, y la vida de la Iglesia.

     Piensen en Jesús al final de Marcos 8: “Si alguien quiere venir…” Tenemos esas “cuatro leyes espirituales”: “Dios te ama y tiene un maravilloso plan para tu vida”. Bueno, más o menos. […] Lo que Jesús dice es: “Si quieres seguirme tienes que negarte a ti mismo y tomar tu cruz”. Así es como va a venir el Reino. ¿Porque dónde culmina eso? En Marcos 9:1: “Hay algunos aquí que no probarán la muerte hasta que hayan visto el reino de Dios venido con poder”. ¿Qué quiso decir Jesús? ¿Qué verían la Segunda Venida? No, todavía ni entendían que tenía que ir a la cruz. ¿Cuándo vino el Reino de Dios con poder? Según los evangelios fue cuando Jesús salió de la tumba la mañana de Pascua. Pablo dice: “Fue declarado hijo de Dios con poder por el Espíritu de santidad”. Y Pablo habla en Efesios del poder con que Dios resucitó a Jesús: ahí fue exhibido el poder, cuando el mal fue derrotado en la cruz para que ahora la Nueva Creación pueda ser inaugurada.

     Y luego, el Reino y la Cruz en el mundo de César. Nuevamente, en Apocalipsis, en Filipenses 2, y en todo eso en Juan sobre el príncipe de este mundo siendo derrocado […] Y vuelvo a esa conversación entre Jesús y Pilato. Pilato le dice a Jesús: “¿Eres el rey de los judíos?” Y Jesús le hace una pregunta interesante: “¿Alguien te dijo que preguntaras eso o lo preguntas por ti mismo?” Un comentario fascinante. Pilato dice: “¿Acaso soy judío? No seas ridículo, tu propio pueblo te entregó por lo que has hecho. ¿Eres rey?” Y Jesús dice: “Mi reino no es del tipo de los que surgen en este mundo”. La gente dice, siguiendo la versión tradicional, “mi reino no es de este mundo, es sólo un reino espiritual. ¡Qué alivio, nos salvamos!” No, en griego es ek toû kósmou toútou. El reino no surge de este mundo, proviene de otro lugar, pero definitivamente es para este mundo.

     De forma que Pilato dice: “Entonces sí eres rey”. Jesús dice: “Esas son tus palabras. Pero si fuera de tu tipo de rey, mis servidores pelearían para evitar que fuera entregado. Mi reino es de un tipo diferente”. Pilato pregunta: “¿Qué tipo de rey eres?”, y Jesús dice: “Para esto vine al mundo, para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad, oye mi voz”. “¿La verdad?”, dice Pilato, “¿Qué es eso?” Y poco después envía a Jesús a su muerte.

     Si queremos ser seguidores de Jesús, de algún modo tenemos que aprender cómo leer los evangelios de manera tal que nos sostengan en ser gente del reino que sabe cómo decirle la verdad al poder, incluso si ese poder va a lastimarnos, quizá hasta (Dios nos ayude) matarnos. Hablé de eso esta tarde: tuve el privilegio de conocer a algunos de los grandes santos de nuestra época, algunos obispos de mi propia iglesia, la Iglesia Anglicana, de todo el mundo, que han hecho justamente eso en lugares como Nigeria, Sudán, Borneo y Pakistán, etc., que han sido valientes y fieles, no sólo estando contra el gobierno por estar en contra, sino en dar testimonio de Jesús incluso cuando los poderes en esa parte del mundo los aplastan. La historia de Israel es la historia de cómo Dios derrotó a la arrogancia humana, pero es también la historia de cómo el pueblo sufriente, humilde y misericordioso de Dios derrota al mundo con el método de Jesús, no con el nuestro.

     Todo esto va unido por esos incidentes al comienzo y al final de los evangelios: el bautismo al comienzo, el título en la cruz al final; “este es mi hijo amado” y luego “este es el rey de los judíos”. En el comienzo, hay ecos del Salmo 2 y de Isaías 42; al final, la clara afirmación: “Hacia acá se dirigía la historia de Israel”. No es que Israel fuera una mala idea, así que ahora lo vamos a crucificar y sacarlos del camino, sino que la vocación de Israel siempre fue ejemplificar a Dios como Rey a través de la encarnación del amor sufriente por el cual el mundo fue creado desde un principio.

     Les tengo una propuesta. Que cuando hemos hablado de que Jesús es divino, la segunda persona de la Trinidad, a veces, trágicamente, hemos usado esa doctrina verdadera, ortodoxa, como una barrera detrás de la cual ocultarnos del temor a la teocracia. No hemos querido oír el mensaje de que el Dios encarnado ahora gobierna el mundo, así que nos hemos contentado con decir “Jesús se encarnó”, lo marcamos en la lista de cosas que hay que creer, y eso es todo: “Somos cristianos, ya cumplimos con nuestra labor”. Igual con la teoría de la expiación. Es muy fácil decir (es maravilloso, pero también muy fácil decir) “Jesús murió por mis pecados así que me voy al cielo. Eso me absuelve de responsabilidad, me saca del mundo”. No, Jesús murió por nuestro pecados (está bien) para encarnar, ejemplificar e inaugurar la manera diferente de Dios de ejercer el poder en el mundo. Y nosotros, que seguimos a Jesús, que hemos aprendido (por favor, Dios) a leer los evangelios en todo su valor, necesitamos aprender cómo unir Reino y Cruz, porque es sólo con esa visión y ese medio que Dios se vuelve Rey en la tierra como en el cielo.

Libertad y Marco, espíritu y verdad:

Recuperando la adoración bíblica

Por N. T. Wright*

I. Introducción

"La adoración bíblica" es un tema enorme, y uno en el que no estoy realmente cualificados. Yo no soy ni un liturgista, ni un liturgiologist. Simplemente soy un estudioso del Nuevo Testamento que trabajan en una comunidad cuya vida diaria está estructurada en torno a la adoración pública y corporativa, dos o tres veces cada día y tres o cuatro domingos; en el curso de la cual reflexiono de vez en cuando sobre lo que estamos haciendo, cómo podría mejorarse, y así sucesivamente. También me gustaría visitar diversas iglesias con estilos bastante diferentes a partir de tiempo al tiempo, y me pregunto las mismas preguntas. Esto no más me califica para hablar sobre los aspectos técnicos de la liturgia que comer tres comidas al día, me califica para hablar sobre la cocina. Vengo con el ojo de un participante más que teórico.

No voy a intentar defenderme de la acusación de que estoy leyendo una vista Anglicana de nuevo en la Biblia, aunque soy muy crítico de mis propias tradiciones en muchos lugares. Los anglicanos se enorgullecen en equilibrio. Sin embargo, hablando de la adoración, como con todo en la teología, en una conferencia única es imposible hacer explícito el equilibrio necesario en todo momento. Algunos de lo que digo se necesita un "por otro lado" cláusula, por lo cual no habrá espacio. Espero que esto se lee en un espíritu de generosidad y confianza hermenéuticas, en lugar de la sospecha.

Uno de mis calificaciones menores para escribir sobre este tema es que he pasado una buena parte de mi vida en la capellanía universitaria (o "campus ministry", como se denomina en los Estados Unidos), durante la cual se reunió con frecuencia tengo dos caracteres, a quien voy a reunir en dos ficticio pero real como la vida de los estudiantes. Jack vino de un libre-antecedentes en la iglesia, donde había adquirido Biblia y coros saliendo de sus oídos desde que tenía la edad suficiente para recordar. Él hacía tiempo que había dejado de ser sorprendidos por el evangelio, o excitado por la adoración. Se encontró de repente en un escenario donde un drama litúrgico desplegada y lo atrapó en una forma bastante nuevo en el mundo de la poderosa práctica sacramental. Jill, mientras tanto, había sido criado en una iglesia "alta", donde la liturgia fue bellamente interpretada, pero excesivamente exigente. Todo tenía que ser tan. Al parecer, no hay posibilidad de vida nueva rompiendo hacia adentro o hacia afuera. De repente, ella cayó en un grupo que se reunió para orar espontáneamente, a romper en canto cuando querían, de compartir el camino espiritual. Era como un nuevo mundo maravilloso.

He tenido el desafío de ministrar a y con las tomas y Jills, intentando dar sentido a el hecho de que una persona la experiencia vivificante es otra persona es aburrido, antigua tradición. Yo mismo he disfrutado tanto formal como informal de culto durante muchos años, y también han sido frustrados cuando cualquiera de los modos, o cualquier entre, se secan y se olvida lo que son realmente. Sospecho que esta experiencia no es única.

Por lo tanto, para nuestra tarea.  De los miles de posibilidades para una amplia gama de papel como esta, voy a elegir tres hebras del Nuevo Testamento - uno un  pasaje shortish, uno todo el libro, un tema que se encuentra a caballo entre varios libros, y extraer de ellos algunos puntos que me parecen centrales y vitales. En segundo lugar, voy a destacar tres principios que emergen y que merecen mayor consideración. En tercer lugar, me referiré a tres áreas de la práctica actual que necesitan atención urgente.

II. Tres Marcos del Nuevo Testamento

1. Apocalipsis 4 y 5

Quiero empezar con la espectacular escena en el libro de Apocalipsis, en los capítulos 4 y 5, donde Juan el vidente está llamado a convertirse en un tiempo un espectador en la corte celestial, viendo como la creación entera se derrama en su incesante alabanza ante su creador. Esta no es una visión del futuro definitivo - que viene en los capítulos 21 y 22, sino de la dimensión celestial de la  realidad actual. Cuando Juan se le dice que se mostrará "lo que debe tener lugar después de esto" (4:1), esto no significa que los capítulos 4 y 5, sí son una visión de futuro; son una visión de la sala del trono, donde se realiza la adoración incesante, dentro del cual la visión del futuro va a ser otorgada a la vidente como el libro sellado (5:1) gradualmente está abierta. Parece en 4:1-2 que "venir al cielo" y "estar en el espíritu" son funcionalmente equivalentes; el cielo y la tierra son las esferas de enclavamiento de creación única de Dios, y cuando John está "en el espíritu", es que de repente abierto y consciente de la dimensión celestial de lo que llamamos la vida ordinaria. 

La escena establecidos antes de él comienza con una descripción del trono celestial-habitación en sí, sino como la de Ezequiel 1. Dios mismo no está descrito, pero el sentido de su presencia y de su majestad llena todo el pasaje. No nos sorprende cuando lo primero que ocurre es el culto; aunque quizá se nos sorprendió que el comienzo del culto es la del animal, en lugar de los derechos, de la creación. Las cuatro criaturas vivientes, el león, el buey, el uno con un rostro humano, y el águila, seis alas como los serafines en Isaías 6, alabado sea Dios incesantemente con el Trisagion: Santo, santo, santo es el Señor Dios Todopoderoso, el que era y es y que ha de venir. Entonces, en el contexto de esta alabanza de toda la creación, los veinticuatro ancianos, que representa al pueblo de Dios del antiguo pacto y nuevo, caerse y declarar que Dios es digno de este culto, porque él es el creador de todos los poderosos. La palabra inglesa "culto" proviene de la palabra "digno", y aquí se encuentra una de sus expresiones clásicas: "adorar" significa reconocer el valor, la worthyness, de aquel que es adorado. Esto significa encantados reconociendo y celebrando el hecho de que este Dios es quien es y hace lo que hace.

Ya surgen dos puntos fundamentales. En primer lugar, la adoración bíblica se basa en el hecho de que Dios es el creador de todo. Cualquier intento de deslizarse en un dualismo en que su creación es secundaria, gastadas o mal es descartado. Segundo, la tarea de los seres humanos es el de traer al consciente de pensamiento y de expresión de la adoración del resto de la creación. Llenos están el cielo y la tierra de la gloria de Dios, sino imagen de Dios-rodamiento criaturas, nosotros los humanos, son llamados para saber que esto es así, y para decirlo en palabras de alabanza. Que es lo que debe hacer cada vez que decimos "santificado sea tu nombre" o "gloria a Dios en las alturas."

Por supuesto, todo esto nos lleva de vuelta a Génesis 1. Vio Dios todo lo que había hecho y lo declaró bueno; después de la creación del hombre y de la mujer, declaró que "muy bueno" pero Génesis 1 fue un proyecto, no un tableau fijo; y el proyecto falló. En Apocalipsis 5 vemos que Dios es la celebración de un desplazamiento, el pergamino que contiene, por lo que comprendemos. Propósito soberano de Dios por el mundo; pero el desplazamiento requiere a alguien para abrirla y Juan llora porque nadie puede hacerlo. Más concretamente, se requiere de un ser humano para abrirlo, y ningún ser humano es digno de hacerlo. Pero luego nos mira, y ver el león que es también el cordero; el Mesías, la Raíz de David, que ha vencido, porque él es el Cordero que fue inmolado, y quien ahora envía Dios espíritu de siete veces en todo el mundo. Él es el único que puede llevar adelante el proyecto de Dios, no sólo para los seres humanos, sino para toda la creación.

El resultado es un nuevo estallido de alabanza. La canción de la creación es retomado en la canción de redención, y esta vez no hay música instrumental, el incienso, la oración y el canto: porque esta es la nueva canción, la canción de nueva creación, la canción que abre el nuevo mundo de posibilidades para el culto. Esta es la canción que celebra la muerte salvífica del Mesías y su resurrección, y su resultado en la creación de los seres humanos como reyes y sacerdotes para llevar la sabiduría de Dios para el mundo. Cuando las cuatro criaturas vivientes responder "Amen" al final de la canción, nos encontramos de vuelta en donde estábamos al principio. Creación adora a Dios el Creador, y de que los seres humanos traen ese culto en articulación consciente; los seres humanos adoran a Dios el Redentor, y la creación, pronuncia un alegre "Amen".

Algunas reflexiones antes de moverlos.  Observamos la integración del cielo y de la tierra, y de la creación y de los seres humanos, en este culto. Tomamos nota de que el propósito de Dios no es para salvar a los seres humanos enel mundo, sino para guardarlos para el mundo, para que puedan ser sus reyes y sacerdotes gobernante creación y redención. La vieja caricatura de "cielo" como un lugar aburrido sin nada que hacer sino reproducir arpas surge de una interpretación errónea de todo este libro. Ya en esta escena, pero más plenamente al final de la revelación, el pueblo de Dios no son sólo los adoradores, sino también a los trabajadores, trayendo la nueva creación de Dios en realidad.

Debemos señalar también, algo que olvidamos fácilmente, la ineludible dimensión política de todo esto. Adorar al Creador y Redentor como el soberano que gobierna, y que hace que su pueblo los reyes y sacerdotes, fue y es la lucha hablar en el mundo del imperio del César. Así como los judíos, especialmente las oraciones diarias de las dieciocho bendiciones, estaban llenos de hablar de Dios, colocando los poderosos y elevar a los humildes, porque él era el dios de la creación y de la redención, de modo que el libro del Apocalipsis celebra continuamente la soberanía de Dios de una manera que deja muy claro que César no es soberano y está llamado a rendir cuentas.

Se elevan sobre todo esto es el hecho de que la creación y la humanidad está adorando a Dios y el Cordero juntos. Dentro de un entorno que es obviamente procedentes de, y leal a, todo el Antiguo Testamento y la tradición judía del monoteísmo feroz contra el dualismo y el paganismo por igual. La revelación insiste en poner a Jesús junto al creador como el propio objeto de culto. Y como el libro del Apocalipsis va en su camino hacia el último gran clímax, una y otra vez escuchamos en más culto, más cantando, más fiesta, en la que todos estos puntos se destacan: la creación y la iglesia juntos celebrando la victoria de Dios y del cordero sobre las fuerzas del mal, de la oscuridad, de la mentira y de la destrucción. La soberanía de Dios en el Nuevo Testamento es más acerca de la política que sobre la filosofía. Y, al final (Capítulos 21-22), la visión no es de los seres humanos escapar de este mundo y irse al cielo, pero de la nueva Jerusalén, descender del cielo a la tierra. El culto cristiano tal como se describe aquí es todo acerca de narrar la historia de lo que Dios ha hecho, hace y hará. Como los grandes salmos y cánticos del Antiguo Testamento, Dios se celebra las hazañas, y, por el mero hecho de hacerlo, contribuye a que la próxima etapa de el propósito de Dios.

2. Romanos

Mi siguiente "paso" consta de toda la carta a los romanos. Por supuesto, es imposible hacer algo más que rascar en la superficie, pero quizás por hacerlo me puede estimular a usted que vuelva atrás y lea ese maravilloso libro inagotable con nuevos ojos. San Pablo declara desde el principio (1:5) que el propósito del evangelio de Jesucristo es lograr la obediencia de la fe, para gloria de su nombre, entre todas las gentes: y esta "obediencia de la fe", cuando analizamos de cerca, es una manera de resumir la respuesta judía a Dios, "Oiga, 0 Israel, YHWH nuestro Dios, YHWH es uno." Esto es, para Pablo, el verdadero cumplimiento de la propia ley: que las personas de cada nación debe venir a la adoración y el amor a aquel Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob. Que esto es lo que los romanos es en un nivel todo sobre es claro si miramos a través de la conclusión de la exposición teológica, en 15:7-13: los Gentiles vienen a sumarse a Israel en la alabanza al Dios único, ya que la raíz de Isaí ha sido resucitado de entre los muertos. Pablo está aquí en la misma página que el Apocalipsis 4 y 5.

Pero ¿cómo llegar desde el capítulo 1 hasta el capítulo 15? Como siempre en la tradición judía, la adoración verdadera y la vida verdaderamente humana sustenta están establecidos en antítesis a la idolatría y la disolución del paganismo. El problema fundamental de la raza humana, de acuerdo a Romanos 1-3, no es pecado, pero la idolatría: un fracaso del culto, que conduce a, sino que es más profundo que los múltiples fallos de la vida humana. Por lo tanto no debería sorprendernos cuando Pablo, explicando lo que Dios ha hecho para abordar esta situación, destaca, como lo hace la revelación, la fidelidad del Mesías, Jesús, en su muerte sacrificial (3:21-26). Entonces, mirando a la respuesta apropiada, explica que la fe de Abraham era en realidad el verdadero culto, celebrando el poder de Dios como creador, dando vida a los muertos, y llama las cosas inexistentes en existencia (4:18-25). No sorprendentemente, de nuevo como en Apocalipsis, aquellos que rinden culto a Dios como este ser fructíferos, llevar adelante los propósitos de Dios, como contraposición a la idolatría, que hace que la humanidad finalmente infructuosa y sin vida.

Luego en Romanos 5-8 - esto normalmente no se notan, pero es un poderoso y vital tema - Pablo narra la historia del Éxodo, sólo que ahora el nuevo éxodo en Cristo. El pueblo de Dios vienen a través de las aguas del bautismo (capítulo 6), las aguas que hacen los esclavos libres; llegan al Monte Sinaí (capítulo 7), pero se da cuenta de que la Ley es incapaz de dar la vida que prometió; pero luego, como en Apocalipsis 5, descubren que el Mesías ha hecho lo que la ley no pudo hacer, y ahora en Romanos 8 que están en su camino a la herencia; no es ahora un pedazo de territorio geográfico, y ciertamente no una vida futura en un desencarnado "cielo", pero toda la creación renovada en la que Pablo, como revelación, declara que "reinar" (5:17). A través de su renovación y resurrección, la creación misma será liberada de la servidumbre a las caries (8:18-25). Y en este momento, como adoran a Dios, llamándolo "Abba, Padre, descubren el espíritu gime dentro de ellos, en su vida de oración, atrapados entre la creación y la nueva creación, entre la muerte y la promesa de vida (8:26-27). Ellos encuentran que son así conformados a la imagen del Hijo de Dios (8:29), el primogénito de la familia. Aquí encontramos volviendo explícito lo que estaba implícito en la revelación la evocación de génesis 1: el fin de la raza humana es ser imagen de Dios-portadores, reflejando su imagen en el resto del mundo; y en Cristo, como dice Pablo aquí y en Colosenses 3:10, en el último alcanzado. Este es ciertamente el corazón de culto: que debemos contemplar con amor y gratitud a nuestro creador y redentor, y así ser restaurado como verdaderos seres humanos y, por ende, ser agentes de Dios para la curación de la creación.

Esto permite a Pablo para abrir su propia profunda gimiendo en oración como él lucha con el estado de Israel según la carne, y con los efectos extraños, cumplido ahora en el Mesías, a través de la cual los Gentiles están llegando, haciendo que los judíos celoso, y así ahorrar "todo Israel." De hecho, las lágrimas de San Pablo, y su resolución en el Mesías, nos recuerdan aquí de Juan en Apocalipsis 5. Y una vez más todo concluye al final del capítulo 11, en solemnes pero extasiados elogios (y si piensas solemnidad y el éxtasis son antitéticos, leer y pensar de nuevo Pablo) a Dios el sabio y poderoso creador y redentor.

Esto nos lleva a otra de las afirmaciones centrales del Nuevo Testamento acerca de culto: Romanos 12:1-2. Por la misericordia de Dios, dice, presenten sus cuerpos como sacrificio vivo, santo y agradable a Dios; este es el verdadero culto, el culto en el que toda la humanidad se convierte en su propia verdad. No os conforméis a este mundo, sino transformaos mediante la renovación de vuestra mente, de forma que usted pueda juzgar por vosotros mismos lo que es la voluntad de Dios, lo que es bueno, y bien, agradable y perfecta. Cuerpo y mente son para trabajar juntos: una vez más, ningún olor de dualismo aquí. Y, con la gracia y la misericordia como fundamento de todo, vamos a explorar, en la presentación de nuestros cuerpos como el verdadero acto de culto, lo que significa ser "muy grato" a Dios. Los herederos de la reforma (incluido el presente escritor) son tan perforado en la justificación por la fe, que es, naturalmente, una de las enseñanzas fundamentales de esta carta, que olvidamos fácilmente que cuando Pablo llega a la adoración y la obediencia se deleita, aquí y en todas partes, declarando que lo que hacemos en Cristo, sobre la base de la misericordia de Dios, es agradable a Dios. Esto no es quitarle una jota o una tilde de la justificación por la fe; aquí en romanos sí es al que le lleva a la justificación por la fe. Temor de Pelagianismo y Arminianism en sus diversas formas, aliadas quizás con diversas presiones psicológicas, nos ha llevado a descuidar este elemento vital en San Pablo, sino que es el fundamento de su ética y su culto. Para Pablo, para dibujar nuevamente de "agradar a Dios" no significa humildad y reverencia, pero un fracaso en la obediencia; y probablemente significa, también, que estamos complaciendo a nosotros mismos o quizás complacer a otras personas, quizás, incluso, de que estamos complaciendo al Imperio.

En Romanos 12-15 Pablo explora desde muchos ángulos de lo que significa ser una renovación del pueblo de Dios en el mundo pagano. No debemos dejar que Romanos 13 nos dejó de ver el carácter profundamente subversivo de esta reclamación, eco de material subversivo similares anteriormente en la carta. Una sola comunidad formada a través de las barreras de raza y cultura, dando su lealtad al Señor y buscando su próximo juicio verdadero - este es un programa que debería hacer temblar César en sus zapatos. Y al final de todo, como hemos visto, es de 15:7-13: el Mesías sube a la regla, y las Naciones Unidas establecerán en él la esperanza. Por lo tanto, la renovación de la comunidad se une, por encima de todas las barreras, en la alabanza al Dios único hecho conocido en este mesías. La doxología de cierre al final del capítulo 16 recoge estos temas una vez más y celebra, dando gloria a Dios y el Mesías. Leer Romanos como un libro principalmente sobre el culto es verlo en una nueva y luz reveladora.

3. La nueva Pascua

Esto me lleva a mi tercer fundamento bíblico, que es el tema que se ejecuta de manera destacada en todo el Nuevo Testamento: la nueva Pascua, el nuevo éxodo. En Apocalipsis 15 cantan el cántico de Moisés y del Cordero. En el evangelio de Lucas que Moisés y Elías hablando con Jesús en la montaña sobre su éxodo que se cumplirá en Jerusalén;[9]. Y el tema del éxodo es tejida en los cuatro evangelios en la superposición de múltiples maneras y enclavamiento. Quiero comenzar con un pasaje notable y pasar a considerar el tema más amplio que se abre.

Efesios 1:3-14 está enraizada en la tradición judía de culto ("Bendito sea el Dios que..."), y narra la historia de lo que Dios ha hecho en la creación, en Cristo y por el Espíritu, en el lenguaje tomados de éxodo y Deuteronomio. Dios ha elegido a su pueblo, a pesar de su indignidad; él ha "redimido" (un término Éxodo, por supuesto) por pura gracia sobreabundante; ahora es llevarlos a la herencia está garantizado para ellos. Esto también es una trinidad de la historia: todo está en Cristo, todo es realizada por el Espíritu de Dios. Si esto es lo que el culto cristiano primitivo fue como, ya era extraordinariamente rico, con sus frescas y denso de la teología judía firmemente enraizado en el suelo.

Pero el paso no es simplemente un glorioso de la contemplación de la creación de Dios y la gracia redentora. Se continúa con la oración, para que podamos conocer a Dios y su poder (1:15-23). Continúa en el capítulo 2, explicando que Dios está redimiendo de judíos y gentiles por igual de indefensos ahora el pecado conduce a la creación de una humanidad nueva en Cristo, un nuevo templo a ser lugar de culto renovado. A continuación, en el capítulo 3 se desprende una vez más que la creación de esta comunidad de naciones adorar es una señal a los  principados y potestades del mundo que su tiempo, que Dios es Dios, y que no son (3:10).

Mirando más anchas de Efesios, podemos considerar la centralidad de la Pascua-reflexión en el Cristianismo primitivo, y la manera en que esta forma de manera decisiva y permanentemente el culto cristiano. Jesús mismo, al parecer, eligió la Pascua como el momento para llevar a cabo su propia "éxodo", su propio acto de nuevo pacto de fidelidad, el acto en que él nos amó hasta el final, hasta las últimas (Juan 13:1). Los cuatro Evangelios relatan la historia de esta Pascua de tal manera como para dirigir nuestra mirada a él en reverencia y adoración; las tradiciones evangélicas en sí están en forma, y su tejido juntos por los evangelistas están conformadas, en una multitud de patrones que todos declaramos que esta Pascua fue el fin de semana que cambió el mundo, el punto central de la historia.

No debería sorprendernos, entonces, que la Pascua imágenes impregna el culto cristiano desde el principio. La oración del Señor está lleno de sí mismo, de llamar a Dios Padre, para pedir pan, para orar en contra de ser conducido a la prueba definitiva. Pero, en particular, el bautismo y la Eucaristía son desde el inicio de la Pascua-eventos, eventos-Éxodo. El bautismo de Juan, el fundamento del bautismo cristiano, no fue simplemente un tipo especial de lavado ritual lejos del pecado: era un signo escatológico, la señal de que la verdadera travesía del Mar Rojo y del río Jordán fue en último lugar. El bautismo cristiano, como vimos en Romanos 6 y podría tomar nota en Colosenses 2 y en otros lugares, no era un ritual diseñado para ganar el favor de Dios, sino el signo eficaz de unirse a la comunidad de Dios renovada de la gente. Se trataba sobre todo de perdón de los pecados, la ansiada bendición prometida por Isaías, Jeremías y Ezequiel.

Así también, por supuesto, fue la última Cena, que se convirtió en el fundamento de la Eucaristía. Esto es mi sangre del nuevo pacto, dice Jesús, derramada por vosotros y por muchos para el perdón de los pecados. La Eucaristía es (entre otras cosas) la transformación de la comida de Pascua, enraizada en la teología que encontramos en la revelación y romanos, expresada en términos característicamente judío a través de una sencilla pero inigualablemente profunda acción de tomar, bendición, rompiendo, y compartir el pan (esa secuencia merece meditando en la luz de la teología de la redención que hemos examinado hasta ahora) y centrándose en una comunidad de adorar al único Dios y el Mesías Jesús y como una comunidad permanente contra las potencias del mundo, de la muerte y el infierno sí. Pensar en la escena camino de Emaús en Lucas 24, y de cómo la "fracción del pan", revela el Señor resucitado, resultando en la alegría y en el testimonio. Piense, además, en 1 Corintios 11:26, donde Pablo dice que "cada vez que coméis de este pan y bebéis esta copa, anunciáis la muerte del Señor hasta que él venga. Él no dice que la comida le da una oportunidad para la predicación; él dice que hacerlo es en sí misma una declarando de ella. Así como algunos tipos de discurso son en sí mismas acciones, de modo que algunos tipos de acciones son en sí mismas speech-un apretón de manos, un beso, el corte de cinta. Esta acción anuncia al mundo, a los principados y potestades, adorando a la propia comunidad, que el dios creador es Dios, que Jesús es el Señor, y que en su muerte y resurrección, él ha ganado la victoria pascual que será cumplido y consumado en la nueva creación.

Volveré a esta cuestión en uno de mis títulos posteriores. Espero que he dicho lo suficiente, en esta primera y más larga parte del papel, para alentar una nueva lectura del Nuevo Testamento con tres cosas en mente: a.

A) que el culto de los primeros cristianos surgió directamente de su convicción de que con su muerte y resurrección, Jesús el Mesías había cumplido la redención, para que la Pascua era el modelo y de que la nueva creación sería el objetivo;

B) que en virtud de esta adoración llegan a poner a Jesús al lado de Dios el Creador, manteniendo un constante énfasis en el monoteísmo judío más contra el politeísmo pagano, no menos la ideología imperial y el dualismo;

C) que en este culto creerse, pues a través de adorar al único Dios verdadero, que debe ser renovado a sí mismos como seres humanos, teniendo la imagen de Dios.

Todo esto es básico para los puntos más generales ahora quiero hacer.

III. Los tres principios de estabilización y energizante

En la segunda parte de este artículo voy a formular tres energizando y estabilizar los principios que surgen de este contexto: La Trinitaria y la forma de objetos del culto cristiano; la naturaleza del culto como respuesta, pero igualmente como una respuesta agradable a Dios; y la integración de la humanidad que adoran genera y sostiene.

1. Objeto trinitario y forma

En primer lugar, el culto cristiano es, como hemos visto, se centró en el mismo Dios, el Creador; pero, desde muy pronto, también es adoración del cordero, el Mesías, el Señor, Jesús resucitado. Curiosamente en el Apocalipsis, el Espíritu, aunque a menudo se habla, se lo suele considerar no como una persona en la distinción de la adorando a los cristianos, sino como aquel que permite su culto. Igualmente, en San Pablo, el Espíritu, aunque soberano y vivificante, es tan a menudo habla de como ser activo dentro de los cristianos, convocando a la adoración del Padre a través del hijo (por ejemplo, Rom 8:26-27; Gálatas 4:6-7). Nuevamente, en el evangelio de Juan, el Espíritu es aquel por cuya labor, a causa de la muerte y resurrección de Jesús, ríos de agua viva en los corazones de los creyentes, permitiéndoles ser agentes de Dios para ir al mundo con el amor de Dios (Juan 7:37-39).

Esto ofrece una distintiva de la teología cristiana, tanto de culto y oración. El culto cristiano permanece firmemente dentro de la tradición judía, pero reclama, por su propia naturaleza, a ser la nueva versión del Pacto. Es más contra el paganismo que invoca, o intenta aplacar, diversas deidades implicadas con este o aquel aspecto de la vida; por qué tratar con menos funcionarios cuando tienen acceso personal al propio rey? También, por supuesto, está en contra de todos los intentos, a través de panteísmo o el misticismo de la naturaleza, al culto parte o la totalidad de la creación, como si se tratara de sí mismo divino. También rechaza todas las espiritualidades esotéricas que buscan escapar del orden creado y descubrir un cumplimiento en un ámbito distinto. En este punto, francamente, varios arroyos de espiritualidad cristiana stand bajo juicio. Pero quiero destacar en particular que sólo lo conoce todo está definido, al menos en parte, en relación con su objeto, por lo que la adoración, como un modo de conocer y/o ser conocido, se define por su objeto: el Dios a quien adoramos. Padre, Hijo, y espíritu, es el mismo en su triple unidad los medios y el patrón de nuestro culto. Este es uno de los puntos más notables en el cual grandes saltos adelante teológica fueron tomadas dentro de un tiempo extremadamente corto en la mitad del primer siglo.

Un resultado es la sensación de que el culto cristiano tiene lugar, como en la Revelación, tanto en el cielo como en la tierra. Rendimos culto en el Espíritu, y como lo hacemos nosotros estamos tomando nuestro lugar entre los ángeles y arcángeles y toda la compañía del cielo. En este punto debo rendir homenaje a Juan Calvino  teología eucarística, que al igual que la de las iglesias ortodoxas orientales insiste en que la verdadera acción está teniendo lugar en el cielo y que nosotros, así que lejos de traer a la tierra como por arte de magia, en cambio son arrebatados al cielo. El Sursum Corda, "Levantad vuestros corazones", es signo de lo que realmente está sucediendo. El cielo no está lejos. Es donde Jesús y el Espíritu son, revelando al Padre y nos atrae en el culto, el amor y la obediencia.

En particular, la trinitaria y la forma de objetos de culto cristiano significa que, si seguimos su lógica, la verdadera humanidad de Jesucristo es la fuente, modelo y meta de nuestro propio devenir verdaderamente humana. Como Abraham, en Romanos 4, vamos a descubrir que, en adorar al creador poderoso y vivificante redentor, nosotros mismos ser más auténticamente humana, resultando en nuestro ser fructíferos en el servicio de Dios. O, para decirlo de otra manera, vamos a ser renovados en la imagen de Dios, conocerlo y saber sobre él, amarlo y servirlo con nuestro amor, sobre todo, reflejo de su gloria no sólo volver a Dios mismo, sino, lo que es igualmente importante, en el mundo. El culto cristiano está diseñado para ser el principal medio por el cual el proyecto de Génesis 1 es llevado adelante. Una de las principales leyes espirituales es que le gusta lo que usted se convierte en adoración, y que reflejan lo que están adorando, no sólo en diferentes partes de su propia vida, sino también a las personas que te rodean y el mundo donde vives. Por lo tanto uno de los propósitos del culto cristiano es que no sólo podemos llegar a ser como el Dios que vemos en Jesucristo, sino que podemos reflejar esto Dios en nuestras propias vidas y a la gente y los lugares donde se encuentran. Por supuesto, esto significa que, como muchos han insistido en que, en nuestra adoración, precisamente estamos viviendo y actuando "en Cristo", haciendo real lo que es verdadero de nosotros por el bautismo y la fe, por la cual nos convertimos en miembros vivos de Jesucristo, quien en su perfecta hombría ofrece al Padre que el amor, la obediencia y la lealtad, que es la verdadera vocación humana. 

2. La respuesta agradable

Esto conduce a un área central y vital que es a menudo confusa y necesita ser aclarado. El culto cristiano y la oración son siempre y sólo una respuesta a Dios su gracia soberana y misericordia; pero esta respuesta es agradable a Dios. Esto saca lo que he dicho hace un momento sobre los romanos. Simplemente porque creemos en la justificación por la fe, esto no significa que no podamos hacer nada que da placer a Dios. Por el contrario, Pablo dice una y otra vez tanto en Romanos y en otros lugares que nuestra obediencia, nuestro amor, nuestra santidad y, sobre todo, nuestro culto, agradable a Dios, como los escritores del Antiguo Testamento hablaba de Dios está satisfecho o no, como pueda ser el caso, con sacrificios y ofrendas. Ahora, por fin, declara san Pablo, podemos ofrecer a Dios un sacrificio agradable, y consiste en la adoración verdadera en que el cuerpo y la mente se unen en la obediencia y en el amor. 

Este retos directamente en el supuesto de que se cuela una y otra vez a pensar acerca de culto protestante. Viene con el césped del Protestantismo para distanciarse de cualquier intento, por nuestras creencias religiosas, a poner a Dios en nuestra deuda. A veces esto se expresa en términos del antiguo y del Nuevo Testamento, como si Israel antes de Cristo había sido supuestamente para ganar el favor de Dios a través de la Ley de mantenimiento de la paz y sacrificios, mientras que con Jesús y el espíritu enteramente un nuevo sistema ha sido lanzado. Esto es un engaño como una cuenta del Antiguo Testamento, y perjudicial para la comprensión del Nuevo Testamento. La polémica en contra de la Ley de Pablo, por ejemplo, no es sobre el peligro de "hacer" cosas para ganar el favor de Dios, ciertamente no haciendo lo que Dios mismo ha ordenado como la alegre respuesta obediente de un pueblo redimido por pura gracia. Un lugar obvio para empezar es Deuteronomio, donde la adoración y obediencia toda la primavera de gratitud a Dios por su amor inmerecido - un énfasis que, obviamente, viene directamente con el Nuevo Testamento.

Por supuesto, cuando la gente no entiende el evangelio, siempre es perfectamente posible para ellos suponga que yendo a la iglesia, cantando himnos, rezar, o de poner dinero en la colección se han ganado el favor de Dios. Este es el riesgo de que el lenguaje paulino de "agradar a Dios" está obligado a ejecutar. Pero el culto cristiano desde el principio ha intentado, a nivel de estructura como de contenido, para descartar esto, para dejar claro que tal cosa sería un malentendido superficial. El punto principal aquí es la prioridad, en el culto cristiano, a la Biblia.

La Biblia no es simplemente leer en voz alta para transmitir información, para enseñar la doctrina o la ética o la historia, aunque por supuesto que también. Se trata de leer en voz alta como el signo eficaz de que todo lo que hacemos lo hacemos como respuesta al Dios vivo y activo de la palabra, la palabra que, como dice Isaías, cumple el propósito de Dios en el mundo, ateniéndose siempre mientras que toda carne seca como la hierba. El lugar de la escritura en el culto cristiano significa que, tanto en su estructura como en su contenido la iniciativa de Dios sigue siendo primario, y todo lo que hacemos sigue siendo una cuestión de respuesta. Y, en mucho la liturgia y ciertamente en mi propia tradición, la manera en que nos preparamos para escuchar la palabra de Dios y la manera en que respondamos a él cuando ha sido leído consisten casi en su totalidad de otros pasajes de la Biblia. La apertura regular de la oración de la mañana y de la tarde en la tradición anglicana es Ps 51:15, significativamente suficiente desde un contexto de la penitencia y el perdón gratuito: Oh Señor, abre mis labios, y mi boca declarará su alabanza. Dios se deleita en las alabanzas de su pueblo; pero incluso que sólo se puede llegar a la alabanza de Dios la propia acción.

Una vez que esto está claro que deberíamos ser capaces de hablar sobre el hecho de que la liturgia cristiana es en sí misma un acto de humildad, de respuesta, de la obediencia. Vivimos en una cultura donde hacer nuestras propias cosas, romper con el pasado y descubrir nuestra propia identidad desde dentro, se nos insta a partir de todos los lados. El evangelio cristiano revela mucho de esto como una forma de Gnosticismo, de orgullo, de rechazar la gracia en lugar de aceptarlo. Y el hecho de utilizar una liturgia que no es de nuestra propia elaboración, en la que la iniciativa de Dios se construye en la misma estructura, en el cual compartimos la sabiduría y oración de generaciones anteriores y de otras culturas, es en sí mismo un signo de humildad, un signo de que sabemos que están respondiendo a la gracia de Dios, no tomar la iniciativa nosotros mismos. La liturgia cristiana declara en su estructura y contenido que somos criaturas ante nuestro creador, pecadores ante nuestro santo Dios, redimidos antes de nuestro Redentor. Es muy irónico que en algunos círculos protestantes la ausencia de liturgia oficial, y la confianza en las personas que deciden hacerlo en cualquier momento dado, no es reconocido como lo es en su forma (aunque no necesariamente en el contenido): un ejercicio en alegre Pelagianismo.

En particular, deberíamos ser capaces de evitar la implicación, que se cuela de vez en cuando, que físicamente haciendo cosas en el culto es una incipiente forma de obras-justicia. En realidad, no puede evitar "hacer cosas". Incluso si se queda quieto y callado, que todavía está eligiendo a "hacer algo". La mayoría de las iglesias protestantes tienen todavía alguna forma y orden a lo que "hacer." No hay nada en el hecho de la propia acción sacramental que amenaza a la doctrina de la justificación por la fe. Diré más sobre esto ahora.

3. Humanness integrado

Mi tercer principio básico que se desprende de todo esto: el culto cristiano debe reunir a los a menudo incoherentes aspectos de nuestra vida humana. Una nueva división triple: el culto cristiano se integra toda la persona, toda la comunidad, y toda la creación.

En primer lugar, la persona en su totalidad.  Amar a Dios, como el Shemá insiste, con el corazón, la mente, el alma y la fuerza significa amar a Dios como ser humano integrado. Cada uno de nosotros es, sin duda, la tentación de avanzar en uno de estos frentes por delante de los demás; a la madurez creciente significa aprender a mantenerlos en equilibrio. Una vez más, esto es donde algunas ramas del Protestantismo han cometido errores en una dirección, así como algunas partes del catolicismo han cometido errores en otros. El peligro del gnosticismo nunca está lejos de muchas partes del Protestantismo: es decir, el peligro de un dualismo en el que el orden de la creación, incluidos nuestros propios cuerpos, es considerada como peligrosa o de segunda clase, de manera que la adoración debe renunciar a nuestro embodiedness, nuestra pertenencia en el mundo creado de espacio, tiempo y materia, en lugar de reafirmar y redimir.[14].  Si seguimos el patrón bíblico en este punto, vamos a encontrar nuestro camino a través de diversos pares de opuestos. Existen las feas hermanas de formalismo y el informalismo, a la que volveré; o los males gemelos del control y el caos, con algunas iglesias teniendo todo clavado en el suelo en su lugar de modo que el Espíritu es efectivamente bloqueada, y otros - como los Corintios en 1 Corintios 14 -de modo espontáneo y mal disciplinados como para amenazar el evangelio por su estructura tanto como su contenido. O, de nuevo, los males gemelos del ritualismo y anti-ritualismo, la primera pervertir la liturgia de respuesta en un rito mágico diseñado para manipular a Dios, el segundo tirar al bebé de la verdadera liturgia con el agua del baño de superstición pagana. En última instancia, el ser humano medio, tanto ahora como en la edad a venir (es decir, en la resurrección), siendo incorporados. Buena liturgia celebra que embodiedness y se lo toma en serio. Sólo porque la liturgia puede ser objeto de abuso no hay razón para no hacerlo, lo mismo que prohibir el matrimonio solo porque el sexo puede ser objeto de abuso.

Culto también integra el conjunto de la comunidad. Ese es el punto de Pablo en Romanos 15, con judíos y gentiles que se juntan para adorar al único Dios, cumpliendo con la central de la oración judía, YHWH nuestro Dios, YHWH es uno (ver 3:27-31).  En Gálatas 3 Pablo resuena la sinagoga estándar la oración, en el que la Congregación da gracias a Dios por que se hizo Judío, libre, y masculino, diciendo que hay ahora ni judío ni griego, ni esclavo ni libre; no hay "varón y mujer". En el culto cristiano, si es cierto el culto cristiano, todos aquellos que el nombre de Cristo están juntos en la misma mesa, diciendo las mismas palabras. Una vez más, la buena liturgia está diseñado para hacer que ocurra en la realidad. Tal liturgia debería ser en sí misma parte del empeño ecuménico como hemos vuelto a reunir el destrozado fragmentos del cuerpo de Cristo. 

Y culto, como vimos en la Revelación sino también en Romanos 8, está diseñado para unir a toda la creación. La verdadera adoración no es negar el mundo sino cambiar el mundo. Proclamamos la muerte y la resurrección de Cristo, anunciando a él como el Señor del mundo, y si lo hacemos, el mundo se convierte en un lugar diferente. Es posible que no parezca que todos a la vez, pero eso es lo que realiza la adoración. Un día, cuando Dios nos da nuestros cuerpos de resurrección y, a continuación, y por ello ofrece la libertad y la vida nueva a toda la creación (Rm 8:18-25), nuestros fieles actuales actos de culto sensible será visto como hitos en el camino hacia el "amén" final de las cuatro bestias. Si eso es así, deberíamos estar buscando signos y las formas en que, en la actualidad, podemos anticipar que el posible futuro. La más obvia de esas formas están en los sacramentos y en nuestra vida política, en el que se nos ha ordenado, invitados, instó, y alentó a celebrar el señorío de Jesucristo sobre toda la creación, en anticipación del día cuando en su nombre toda rodilla se doblará (Rom 14:11; Filipenses 2:10).

IV. Los tres ámbitos de atención urgente

Allí, entonces, son los tres grandes principios quiero llamar desde el Nuevo Testamento: que el culto cristiano es trinitario en objeto, forma, motivación y contenido; que el culto cristiano es respuesta, no iniciativa, y que debemos celebrar y disfrutar del hecho de que Dios se complace con ella; y que el culto cristiano nos integra como seres humanos, en nosotros mismos, en nuestras comunidades y en toda la creación. Esto conduce a los tres ámbitos de atención urgente si queremos ser obedientes en nuestros días y no simplemente deriva con toda tendencia prevaleciente.

1. Desenmascarando la presión para la informalidad

Mi primera observación es que debemos desenmascarar la presión presente hacia la informalidad para lo que es. Prácticamente nada que ver con el evangelio cristiano y prácticamente todo lo relacionado con el espíritu de la época. Por supuesto, esto no quiere decir que el culto informal en todo tipo de contextos no es acertada, adecuada, y honrar a Dios. Pero cuando la informalidad es la regla se vuelve tan peligroso como el mal tipo de formalidad. Permítanme decirles lo que creo ha sucedido.

Los Reformadores protestaron, acertadamente, en mi opinión, contra la forma en que la iglesia medieval había convertido a la liturgia, y mucho, mucho más, en un cuasi-sistema pagano de magia ritual, que refuerza el poder de quienes lo operó e hizo poco o nada para dejar que el verdadero Evangelio resplandezca. Y los reformadores utiliza Paul's ataque a los llamados "Judaizantes" para hacer que su punto de vista - que fue siempre un peligroso, ya que la agenda de Pablo no era el mismo, aunque ese es un tema para otro momento. Desde la reforma, sin embargo, tres grandes movimientos culturales han ocurrido, ninguno de ellos debido mucho directamente a la Biblia o el evangelio, pero todos ellos de diversas maneras, proporcionando un nuevo giro de cómo escuchamos los reformadores, y por lo tanto, lamentablemente, Pablo, hoy.

En primer lugar, la ilustración, con su horrible cuneta entre ideas y hechos, las verdades eternas de la razón y el contingente los acontecimientos de la historia.  La separación de la religión y la vida real crece a partir de este, dando la clara impresión de que lo que importa en la religión es de las ideas que tienes en tu cabeza, en vez de las cosas que suceden, incluyendo las cosas que hacer, y a través de su cuerpo. Lutero es la antítesis de la fe y las obras se convierte de repente en la antítesis entre la fe interna y los acontecimientos externos, aliado a la iluminación sutil de las presiones hacia la privatización de la fe y, por tanto, su extracción de la arena pública -que, como hemos visto, constituye un desafío directo al Nuevo Testamento. Hay una gran cantidad de iluminación retórica, escondiéndose bajo el lenguaje de la reforma, en la iglesia de hoy.

Segundo, el movimiento romántico: lo que importa ahora es el sentimiento más que por su forma, el corazón en lugar de la cabeza o el cuerpo. Pensar de Wordsworth o Coleridge. Por supuesto, esto se conecta directamente en el lenguaje del Nuevo Testamento - que hay en el Judaísmo como en el bien, y no menos en los pergaminos y algunos de los Rabinos - acerca de la necesidad de que el corazón para estar en sintonía con Dios, en lugar de ir hacia afuera a través del formulario. Que se remonta al menos a Amós e Isaías, y está reforzado por el Deuteronomio, Jeremías, y otros. Pero lo que estaba diciendo, el movimiento romántico fue sutilmente diferente de lo que el Nuevo Testamento había dicho: le invitó a mirar hacia adentro, para ver cuáles son los sentimientos que tenían, y para hacer de ella el centro de su mundo, en lugar de ver el amor del corazón para el Dios verdadero como don de Dios a través del Evangelio, palabra y espíritu. Los problemas con el movimiento romántico es que nunca tuvo en cuenta la advertencia de Jeremías, que se repiten en el Nuevo Testamento, que engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso. 

Tercero, el movimiento existencialista del siglo XX nos han llevado de vuelta a la gnosis. Cada uno de nosotros, dentro de nosotros mismos un verdadero self, que aunque largo enterrado, ahora se descubrió y habilitado para florecer. Esto, irónicamente, es en realidad una forma de pelagianismo: lo que usted necesita, si usted es una existencialista o gnóstico, no está para ser confrontado por el evangelio y redimido de su estado actual, pero para ser ayudado a descubrir "quien realmente eres." enormes franjas de nuestra cultura contemporánea se basa en esta premisa, y las iglesias liberales y conservadores se han comprado Hook Line and Sinker. (Quizás yo podría añadir en un aparte que uno de los grandes triunfos de la película El Señor de los anillos es que lleva precisamente el camino inverso, que nos instan a encontrar nuestro verdadero yo siguiendo y permanecer fieles a la vocación que viene de fuera, que nos desafía a ser y hacer lo que de otra manera no tendríamos.) Pero la trampa del existencialismo es que, como en la teología de Rudolf Bultmann, aparece ante nosotros vistiendo la túnica de un reformador del siglo XVI, nos dice que todas las presiones desde el exterior son "ley", que debe ser abolida si queremos alcanzar la auténtica existencia.

La ilustración, el romanticismo y el existencialismo han utilizado todos así la retórica de la reforma para imponer sus propias agendas muy diferentes. Y el resultado es que hoy en día en muchas iglesias, no menos aquellos dentro del Cristianismo Evangélico en su sentido más amplio, podemos encontrar en todo tipo de maneras un complejo de agendas que deben todo a estos tres los cucos en el nido, especialmente las dos últimas, casi nada para la reforma, y nada en absoluto con el Nuevo Testamento. Cabe decir alto y claro que no hay nada en conjunto formas de culto que de por sí es contrarios al Evangelio; que la abolición de batas, liturgias, oficinas ministeriales, y al igual que nada tiene que ver con volviendo al culto del Nuevo Testamento; que la espontaneidad y la falta de preparación, a pesar de que Dios pueda usarlos poderosamente, puede ser fácilmente las marcas de la pereza y la cautividad de filosofías espurias. Iconografía puede conducir a la idolatría; pero iconoclasia fácilmente puede ser un signo de dualismo, de un anti-creational énfasis que realmente se opone a Dios el Creador y la redención del mundo por Jesucristo. Tenemos que pensar en las raíces culturales y sociológicos de lo que hacemos en la iglesia, no sea cosa que suponemos que nos vuelvan a hacer avanzar el evangelio en vez simplemente girando la iglesia en una sub-rama del mundo.

Hay otro peligro que acabo de mencionar de paso. El Protestantismo, en protesta contra la magia, a menudo ha intentado acabar con el misterio. Liturgia de todo tipo pueden a menudo abren el misterio de Dios y el Evangelio como si nada; y a veces esto puede revelar y liberar emociones fuertes, hacerlo dentro de una caja fuerte y un contexto dado por Dios. A veces las personas que realicen sus mejores esfuerzos para subvertir la liturgia, no sólo a través de picar sobre servicios, añadir y restar bits aquí y allí, justamente para mantener el misterio en la bahía y, por tanto, para mantener las emociones bajo control.

A veces, cuando la gente protesta contra "bare rituales" que van a estar involucrados sin el corazón (cómo no saben que, por cierto?), de hecho están criticando el opuesto exacto: el Dios-dado el ritual de culto a través de la cual el corazón es precisamente involucrados, con sus heridas están expuestos a del amor sanador de Dios. En algunos círculos protestantes hoy existe un rechazo de los sacramentos y de dones espirituales, un rechazo que nace, en mi opinión, no de una verdadera reforma insight, menos aún una Pauline uno, sino desde el deseo de controlar las emociones y, de hecho, la congregación, para protegerlos del evangelio en lugar de que se vean expuestos a ella. A continuación, debemos resistir las presiones impulsadas por la cultura de la informalidad. La informalidad tiene su lugar, pero no es el único fin, y de sí mismo no tiene nada específico para hacer con el evangelio.

2. El culto de pedidos

Esto conduce a un punto positivo, que debemos tener más cuidado en ordenar nuestro culto adecuadamente. Nuevas liturgias, creciendo y haciendo un buen uso de los antiguos, siempre son bienvenidos, pero parte del punto de la liturgia es que nos une con Christian adoradores a través del espacio y del tiempo, y de hecho nos une como individuos con nuestros anteriores yoes como niños y adultos jóvenes, y nuestro futuro selves como en dios es bueno tiempo envejecemos como adoradores.

Pero, más en particular, el culto cristiano es dramático, performances, exponiendo y celebrar la historia de Dios con el mundo; para alterar en un capricho es una forma de vandalismo arrogantes. El relato bíblico de Génesis a Apocalipsis, es una gran obra, una gran saga, una obra escrita por el Dios viviente y montaron en su maravillosa creación; y en la liturgia sacramental, si o no, nos convertimos en un momento no sólo como espectadores de este juego, pero también dispuestos a participar en ella. No es nuestra obra; Dios es su juego, y no somos libres para reescribir el guión. No podemos leer toda la Biblia en cada servicio de adoración, pero las opciones que elijamos, ya sea a través de un leccionario o no, debería reflejar la extensa historia y nos recuerdan su barrido completo y flujo. Reconocer esto es bueno ver que la liturgia es como montar una bicicleta: si ir parando para hacer otra cosa, usted se cae. Muchos miembros del clero y culto-los líderes carecen de la valentía para seguir adelante, para confiar en que la historia se va a transportar personas con ella. Ellos piensan que tienen que mantener la puesta en pequeños pedazos de su propia, como si entre cada escena en una obra de Shakespeare, el productor era peep fuera de las alas y decirle al público lo que era "realmente" (y quizás recordarles que el café estaba disponible en el vestíbulo entre los actos). Nada más diseñado para matar el drama stone dead sería difícil de imaginar. No: la adoración debe encarnar lo que dice, y no se avergüenza de hacerlo.

Desde este punto de vista, lo que vestimos, dónde estamos, cómo nos movemos (vestidura, la postura y el gesto) toda la materia, no porque seamos ritualistas sino porque este es el drama de Dios y podemos entrar fácilmente en el camino. Cuando los líderes de culto colocarse a un lado, esto hace que el punto dramáticamente; cuando el culto-líderes, incluidos músicos, montar directamente en frente de una congregación como un grupo de rock en un concierto, esto puede hacer exactamente el punto equivocado. Hay, sin duda, una sensación entre muchos líderes de culto moderno que esto no importa; pero, precisamente porque la adoración es acerca de la integración humana, importa mucho. Lo que usted hace con su cuerpo dice algo acerca de lo que están haciendo con el resto de ustedes. Por supuesto de rodillas, levantando sus manos en adoración, cruce usted mismo, ocupando posiciones particulares, pueden convertirse en rituales y convertir en magia. Pero insistir en sentarse a orar - la única postura la Biblia nunca menciona en relación con la oración porque arrodillado es "ritual" es cortar la nariz a pesar de su cara. Insistir en una fluida sucesión de canciones de adoración en el capricho de un líder no es para asestar un golpe contra el ritualismo, sino a poner ese líder precisamente en el lugar donde los reformistas vieron el sacerdote medieval, entre los adoradores y Dios. Buena liturgia nos preserva de cultos de personalidad católicas o protestantes.

Estos son sólo algunos ejemplos obvios. Tomaría otro papel para explorar la zona de manera sistemática y exhaustiva. Pero espero que la cuestión está planteada. Una cuidadosa preparación, conciencia de los mensajes enviados por nuestro lenguaje corporal y la postura, sensibilidad, sobre todo para el drama bíblico que estamos reviviendo -esto es lo que integra la libertad y el marco, el espíritu y la verdad.

3. Redimir la cultura

Mi tercer punto urgente se refiere a la relación entre la adoración y la cultura. El gran Cristo y cultura debates del siglo pasado nos han enseñado que no podemos simplemente ir con el flujo de una cultura determinada, por un lado, ni tampoco simplemente renunciar a nuestra propia cultura como contrarios al Evangelio. Cada aspecto de la cultura debe ser evaluado por sus propios méritos. Esto, también, es un tema para otro momento.Como C. S. Lewis no se cansaba de repetir, no hay nada en el mundo de Dios que no puede ser redimido; pero no hay nada que pueda simplemente ser abrazado como está. Todo debe ser llevado a la barra del evangelio, de la cruz y de la resurrección de Jesús, el Mesías.

No es, entonces, simplemente una cuestión de cómo, en el culto, para aunar lo tradicional con lo contemporáneo. Esto es importante, pero es igualmente importante asegurarse de que la tradición se celebra a través de la óptica del evangelio, no de manera acrítica, y que el contemporáneo es aprobada asimismo a través de la óptica del evangelio, no sólo porque es nuevo. Lo que T. S. Eliot llamó el "comercio fácil de la vieja y la nueva" no es, como en el poema deja claro, logra fácilmente o sin lucha; pero es allí si vamos a trabajar y orar por ella.[22]  No es una cuestión de servilmente la adopción de una cultura determinada, ya que de la Europa del siglo XVI o del siglo xxi; ni Estados Unidos, igualmente, es un asunto de sumisamente renunciar el uno o el otro. En Inglaterra (esto a veces adquiere los matices oscuros de la clase esnobismo, tanto regular e invertida: algunas personas no desean ser capturados asistir a un culto dirigido con guitarras y tambores precisamente por la misma razón que no desea ser encontrado viendo una telenovela y otras personas evitaría la catedral de estilo culto por las mismas razones que preferían evitar cenas-corbata negra. Este prejuicio cultural, que fácilmente puede camuflarse con plausible lenguaje teológico, debe ser ahumada y arrepentido de).

Tampoco es una cuestión de trabajar "lo que esta congregación será cómoda." ¿Quién dice que usted siempre debería estar cómodos en la presencia de Dios Todopoderoso? Pero tampoco debemos preguntar simplemente "¿Qué hace esta congregación necesita despertar?"; ¿quién dice que es su lugar a choques y asustar al pueblo de Dios? Habrá perturbaciones y, por supuesto, habrá también el profundo consuelo de los familiares. Buena liturgia, planificada cuidadosamente semana a semana y año por año, traerá los dos juntos a fin de que se complementen y refuercen mutuamente y, lo que es más importante, se acumulan los adoradores en el conocimiento y en el amor de Dios y enviarlas fuera refrescada por su reino-tareas en el mundo. Y si sabemos qué estamos sobre esto debería significar que en nuestro culto, en su música y en sus lecturas, en su drama y movimiento, en su silencio, así como su discurso, no sólo estamos reflejando diferentes culturas sino contribuir creativamente y con el poder del Espíritu a la cultura que nuestro Dios es lograr en nuestros días.

En particular, los cristianos en el mundo occidental, y especialmente en los Estados Unidos, tener una oportunidad en el siglo XXI, simplemente porque de facto de la hegemonía cultural de Occidente durante gran parte del resto del planeta, para abrir el camino hacia una renovación cultural que podría actualizar el mundo entero. También tenemos una oportunidad ciegamente a conducir a otro ciego en una zanja. Este es un momento para ser utilizadas sabiamente; y la reordenación y la celebración del culto cristiano debe ser uno de los medios por los cuales esto puede hacerse para lograr el mejor efecto posible.

V. Conclusión

Para concluir, permítaseme recalcar, después de dar muchos rehenes a la fortuna, lo que me parece el punto central. El evangelio de Jesucristo fue visto desde el comienzo y no simplemente como el camino por el cual los pecadores podían escapar del juicio, pero el camino por el que, a través de esa salvación, falla el hombre puede ser re-humanizado para que pudieran ser agentes de Dios para llevar su amor, su sabiduría, su deleite creativo, para dar de nuevo en el mundo. Aunque he hablado como anglicanos, tengo la sensación de que en muchas otras partes de la iglesia de Dios hay puntos de resonancia natural con lo que he dicho, y espero que los lectores en otras tradiciones tomará como un estímulo para buscar las escrituras de nuevo y a trabajar en la liturgia y el culto en nuevas formas. Vivimos en tiempos peligrosos y emocionantes, y el evangelio de Jesucristo nos llama a vivir en ellas como reino-personas, reflejando la imagen de Dios en el mundo. El camino hacia ese objetivo es el culto: el culto de la verdadera, soberano, Creador, Dios, Padre, Hijo, y espíritu. Que el Señor abra nuestros labios, de manera que nuestra boca puede